jueves, 15 de marzo de 2018

Desahogo post producción

Un día me invitaron a hacer teatro, y aunque me unía un cariño especial con quien tuvo el encargo de dirigirme, en ese momento me violentó, me sacó lágrimas REALES y jamás recibí una disculpa porque la justificación en ese instante (e implícitamente durante todo el tiempo en que fui parte) fue que "era una estrategia necesaria porque no me estabas dando lo que se necesita".

Detuve el ensayo y me inconformé, pero en el momento de quedarme a solas con ella, mi supuesta amiga, se montó en el papel de directora y me gritó más, me trató con intransigencia y total falta de empatía. Anteponiendo la premura del tiempo, me trató como una máquina de actuar en vez de escuchar la causa de mi incomodidad. Era un texto aprendido de memoria el día anterior, era lógico que se me olvidara al no dejarme marcarlo completo ni una vez, debido a la constante presión, a las interrupciones fuera de lugar y a una ausencia total de vocación para la dirección de actores.

Me quedó clarísimo cuando estábamos a solas, que sólo estaba replicando las frases que aprendió en su formación actoral en el CEA de Televisa: "Te tengo que presionar ¡y te voy a seguir presionando!"; "Ese será tu estilo de dirección, pero en esta vida te va a tocar trabajar con todo tipo de directores" (cuando le recordé entre lágrimas de rabia que ese no era el modo, que le recordaba que yo también dirigía). Y la peor de todas, por la que estuve a punto de agarrar mis cosas y largarme:"(Gritando) ¿¿Puedes o no puedes?? (Al menos tres veces seguidas sin dejarme hablar) ¡¡Dime y ya no pierdo mi tiempo o llamo a otra persona!!"

 En ese momento llegaron de la tienda, la productora y el actor que nos habían dejado un rato a solas. Sólo así pararon los gritos y yo pregunté dónde estaba el baño. Fui, me mojé la cara y en pocos segundos busqué la calma, evoqué la amistad que me unía con esta persona y la llamé aparte para darle un abrazo. No fue porque estuviera haciendo las paces ni otorgándole la razón, realmente pensé que la disculpa llegaría en algún momento, sólo quería sensibilizarle un poco, que recordara quién era yo, y que el ensayo transcurriera tranquilo porque estrenaría en un par de días, pero no lo fue del todo.

Desde ese momento me concentré en mi trabajo, en convencerme de que esto lo hacía por mí, por nadie más. Terminé el ensayo emocionalmente agotada, dolida e insatisfecha, y la productora sólo atinó a decirme "estuvo rudo, pero era necesario". Nunca nadie en esa producción me escuchó realmente.

Y bueno, además de querer vivir la experiencia, me quedé en el proyecto porque fui viendo con tristeza e impotencia cómo hablaban mal de las actrices que ensayaron antes que yo el personaje. Con el tiempo me surge la duda de qué tanto influyó la dinámica de la producción en el comportamiento -profesional o no- de dichas actrices.

Lamentablemente no metería las manos al fuego para decir que a mis espaldas no hablaron mal de mí, la sensación fue notoria todo el tiempo. El mismo día del ensayo se apartaron para hablar en el mismísimo andén del metro, a centímetros de distancia, hablando bajito. Jamás encararon lo que habían hecho, para ellas fue suficiente con decir que era estrategia. Y bueno, tal vez a su modo de ver el arte del teatro, es normal que alguien la pase verdaderamente mal y no disfrute lo que está haciendo. Yo sí se los dije abiertamente: "No lo estoy disfrutando, paremos un poco", ya tronada, ya llorando. La sorpresa fue porque nunca esperé que al llegar entre risas y entusiasmo al ensayo, fuera a salir con los ojos hinchados y tener que poner cucharas frías en mis ojos al día siguiente para ir a trabajar.

Durante las funciones que estuve nunca recibí un comentario positivo o empático hacia mi trabajo, todo fue "aquí se dice así y no así", "acuérdate de hacerlo con más fuerza", "no era de esta manera". Hasta el actor y la asistente técnica se tomaron atribuciones conmigo. Era una producción en donde todo el mundo opinaba como si fueran directores. Todos eran amigos.

El actor, por ejemplo: "No hagas esto que hiciste, se vio muy chafa" (cuando en la escena él estaba de espaldas, por lo tanto no lo vio chafa, sino que así lo imaginó).

La asistente: "No metí el efecto a tiempo porque no se escuchó nada. No me están transmitiendo..." (plop! ¡Si grité el pie cuatro veces en un cuarto pequeño donde todo se escuchaba! pero ok, "no le estaba transmitiendo", y lo dijo así, indirectamente, como quien dice "de huevos, porque quiere y porque puede"). Todos se respaldaban, lo cual no es malo en una compañía de teatro, pero una cosa es apoyarse y otra es solaparse. Mi percepción es que aquí pasaba esto último.

Por mi parte siempre fui respetuosa de no caer en la tentación de dirigir a mi compañero actor ni opinar sobre detalles que podría haber mejorado, puesto que ese no era mi rol y el proyecto ya estaba iniciado cuando yo entré, además de que no había un ambiente de confianza para aportar nada.

Me habrían tomado por resentida o mandona, pero había cosas que no me gustaban, y tampoco el actor me transmitía suficiente, pero él era tratado como si ya no se pudiera exigir más de él porque todo estaba excelente. En el tiempo que estuve jamás escuché una corrección a su trabajo. Tras bambalinas todo se iba en charla informal entre ellos.

Al principio me sentí excluida del círculo, pero a eso ya estoy acostumbrada de toda la vida, y cuando no caigo en un ambiente integrador, como en este caso, pongo una distancia, y así me mantuve.

Cumplí con las presentaciones acordadas, que fueron muchas menos de las que imaginé en un principio, pues en lugar de 'alternar' como me fue propuesto, mi rol se limitó a 'cubrir' a la actriz principal (quien también fue quien me dirigió) en las fechas en que ella tenía otros asuntos.

En varias ocasiones hablé con ambas, productora y actriz protagónica -esta última, mi otrora amiga- diciéndoles que al fin de la temporada me gustaría hablar de la experiencia. Ni siquiera fui invitada al cierre. Todo se quedó en un "yo te aviso para que vengas y te aviso a qué hora va a ser, eres parte del proyecto y shalalá shalalá".

Para cualquiera sería comprensible que no quisiera hablar de mis molestias durante la temporada, pues lo que más importaba era enfocarme en el trabajo, disfrutar las funciones y ser consciente de mi proceso personal en todo momento. Esa fue la razón principal de quedarme: conocer, vivir como actriz la experiencia del teatro breve, en un texto interesante, un personaje complejo mezcla de psicópata y heroína. No fue nada sencillo, pero lo logré.

Entre el público asistente hubo personas que se regresaron a felicitarme personalmente. Mi hija fue a verme un día y escuchó comentarios de quienes iban saliendo, todos ellos positivos, todos conmovidos y satisfechos con la obra. Buscaban mi nombre en el cartel, o mi foto, pero no estaba. Y en la última función que empezó retrasada porque productora y asistente llegaron tarde por andar en el Seven (sí, ellas también tienen errores), el comentario del público fue: "Valió la pena la espera, estuvo muy, muy buena". Pero claro, el efecto no entró a tiempo porque "no transmití"... dijo la asistente.

Me quedo al final del día con las reacciones del público, con el único buen comentario que me hizo mi compañero actor: "me gusta cómo lo haces tú, tienes matices que la otra no tiene". No se lo agradecí y quizás después por eso se desdijo y optó por hacerme correcciones o "sugerencias" a mi actuación, lo cual no estaba en humor de tolerar, dado que tampoco él actuaba perfecto, y tampoco iba a ser una copia al carbón de la otra actriz, pero en fin... el comentario que me hizo su novia bailarina destacando mi expresión corporal también fue lindo y sincero.

Finalmente ya estuvo. No me pagaron ni los cafés que tomé para platicar del proyecto, a las citas siempre llegaron tarde, y no me pagaron a tiempo las funciones. Pedí a la productora que me recordara con un mensaje para que asistiera al cierre de temporada y no lo hizo. Ya fue, ni mi nombre, ni mi foto. Cero crédito, que tal vez parezca no importante, pero pasé anónima, tal cual como un fantasma. El autor y director de la obra jamás vio mi trabajo porque el día que iba a hacerlo se lo llevaron unos amigos "de peda" y ya no se quedó a verme. En sus agradecimientos de facebook no me mencionó.

Participación atropellada y loca, pero al final agradezco el haber sido parte de una producción y un formato con los que seguramente no volveré a trabajar de nuevo. Ojalá algún día ellos hagan consciencia de sus errores antes de querer seguir produciendo teatro. Lo que a mí me quedó, fue ganancia.

Aprendí o reafirmé que nadie tiene derecho a maltratarme, excluirme o minimizar mi trabajo. Tal vez nunca voy a brillar en sociedad y qué bueno, ese no es mi propósito, y menos a costa de mi dignidad como persona. Como artista sigo creciendo y aprendiendo, eso nunca se acaba, pero antes que todo exijo un trato humano, serio y consciente. El profesionalismo abarca todo ello. Aquí hubo abuso al principio y simulación después, nunca honestidad, lo cual habla de inexperiencia e inseguridad. Ni modo, igual agradezco la oportunidad que me di y que me dio la vida.

Hoy ya lo pude hablar, tenía que hacerlo, a partir de ahora queda en la maleta del pasado.

2 comentarios:

  1. Gente que no sabe trabajar con gente. Lo chido es lo que aprendiste.

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    1. Gracias por hacerte presente. Sí, lo chido siempre es aprender, a eso venimos :/ :*

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