sábado, 4 de febrero de 2017

Ser o no ser cabaretera

Todo lo que se pone de moda pronto cae de mi gracia. Y hoy por hoy, tengo que decir algo que me hiere profundamente el pundonor: el cabaret... está de moda.

Después de mi post último ("Me cansé de definir el cabaret") sobre este tema, han pasado varias lunas. Doce, para ser exacta. Por eso este año inicio partiendo de la pregunta shakespereana existencial por excelencia, escribiendo un breve:

MANIFIESTO CABARETERO
Hortensia Martínez/Ondina Cabaret

1.- Me resisto a ser entretenimiento barato. Entiéndase por barato, algo inmediato, hecho para gustar, para hablar del tema y los personajes de moda. No me importa si gano tres pesos o actúo gratis, pero no quiero hacer nada para estar vigente, para estar de moda o en boca de todo el mundo. Hago cabaret por razones más profundas para mí, que la de entretener al respetable. Entretendré si lo logro, pero a mi modo. No seré más complaciente con nadie. El mundo, y especialmente el país, no necesitan una 'cabaretera' más. Ya hay demasiados y demasiadas.

2.- Me seguiré llamando 'cabaretera'. Después de casi 8 años de estar guerreando contra definiciones del término aquí y en otros mundos; después de retorcérseme las tripas por ver tanta gente que se autonombra así y que pretende decir que hace cabaret; después de no ser reconocida por casi nadie en el medio como cabaretera por muchas razones que van desde mi profesión de pedagoga hasta mis escasos trabajos escénicos comparados con los de muchos otros; y después de no recibir apoyo ninguno para mis producciones, salvo el cariño y la colaboración de contados colegas que han creído en mí y me siguen echando porras; me declaro una cabaretera con todas sus letras:

  • Porque soy parte de la gente del pueblo que se sube a un escenario a decir lo que le oprime.
  • Porque lo mismo me he presentado en foros hechos para teatro, que en universidades, bares y cualquier espacio que el cabaret pueda tomar por asalto para expresarse.
  • Porque hablo de lo que me duele y lo que me importa decir.
  • Porque la mayoría de mis trabajos los he producido y escrito yo.
  • Porque aún con mis limitados y poco entrenados talentos he hecho el cabaret en el que creo.
  • Porque siempre que me subo a un escenario soy honesta y congruente.
  • Porque siempre que me subo a un escenario trato de dar lo mejor de mí.
  • Porque trato de estar feliz en escena. El público no tiene la culpa de mis procesos emocionales o psicológicos. Aunque el teatro me ha ayudado mucho en mi construcción personal, no es mi terapia ni lo uso de escaparate para exhibir mis traumas. Amo y respeto el escenario, justo porque le agradezco hacerme feliz, sobre todo cuando me he sentido más desgraciada.
  • Porque para mí el público es un ser vivo, pensante y sintiente, juguetón y dolido. No son mis fans, no mis seguidores, no mis aprendices o mis súbditos. No vienen a admirarme ni puedo hacer con ellos lo que yo quiera, y soy yo quien está a su servicio, no ellos al mío.
  • Porque he aprendido a la mala lo que es abuso, manipulación, traición y falta de ética en el arte y en la vida. Nadie puede esperar eso de mí. Ser cabaretero/a no es lo mismo que ser un hijo o hija de la chingada, aunque muchos se siguen tragando ese cuento. Un cabaretero/a puede ser todo lo inmoral que quiera, pero ser antiético te quita todo lo poco o mucho que tengas de 'artista'.
  • Porque no soy mis maestros ni mis compañeros de carrera. He compartido espacios con gente grande y famosa, pero no soy ellos. Yo soy yo con mi formación y mi trayectoria, ellos sólo han sido parte de la construcción de mí misma. No olvido ni menosprecio a nadie, admiro a todos en uno o varios aspectos, y agradezco su tiempo en mi vida, pero yo tengo un nombre, aunque sólo yo lo conozca cuando me veo en el espejo. Para mí eso es suficiente y me ha costado mucho. 
  • Porque doy clases para ayudar a entender qué tipo de cabaret puede hacer cada quién, consciente de que el cabaret no se enseña ni es para todos, segura de que el cabaret se adquiere por contagio, y como si fuera un desahucio, se aprende a llevar con dignidad, o él mismo te mata. No se puede aprender el cabaret de nadie, porque uno termina haciendo teatro cabareteado al estilo de... el maestro o maestra que le enseñó a uno... y porque tampoco se puede fingir tener el virus del cabaret, eso se nota. Es fácil distinguir porque el entusiasmo del juguete recién descubierto no se compara con el compromiso y la pasión que genera el verdadero virus. Eso es otra cosa.
  • Porque no encajo en el estereotipo de cabaretera, ni lo necesito. No requiero ser fiestera, amiguera, promiscua, ni siquiera alegre o de risa fácil. No me interesa parecer cabaretera. Soy cordial, pero selectiva, sensual pero no una bomba sexy. Mis halagos son honestos, no cumplidos ni adulaciones. No sé coquetear, me parece ridículo. Puedo jugar y alburear pero tengo límites, lo hago sólo si me siento en confianza. Sí, por ser tan selectiva suelo parecerle aburrida a mucha gente, y hasta mamona.
3.- Nombrarme cabaretera no define todo lo que soy o puedo hacer. Ondina Cabaret es un laboratorio, un taller artístico personal donde puede entrar quien quiera jugar, compartir y aprender de buen modo conmigo. He hecho teatro, cine, stand up comedy, burlesque, poesía, música, performance, foto, pintura y cualquier cosa que se me pegue la gana experimentar. Me dedico a la educación porque igual me apasiona y soy profesional en ello, pero tampoco me define el término 'maestra', porque soy una eterna aprendiz del mundo.

Finalmente no sé con cuánta frecuencia haré cabaret puesto que no vivo de esto. Para mí el cabaret es un placer, un lujo que puedo darme de vez en cuando, y sobre el que me encanta disertar cada vez que puedo.

¿Ser o no ser cabaretera? No lo sé. Definirte no te hace ser propiamente, para lograrlo, se tiene que estar,  y sobre todo, hacer, dicen. 

Bien... intentaré seguir estando y haciendo. Por lo pronto definirme es un buen paso. Ya el tiempo decidirá si logré serlo.

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