martes, 20 de junio de 2017

Alerta por ancestral forma de robo

La envidia es el peor tipo de energía que puede generar un ser humano. Daña en demasía porque ensucia lo limpio y se roba todo lo que puede llevarse. Es el recurso que tienen las almas inexpertas para hacerse de 'algo' que les haga sentir medianamente satisfechos.

 Hay que extremar precauciones para detectar a estos ladrones, ya que para operar se vuelven muy cercanos a su víctima. Pueden llamarse amigos o incluso parejas (ahí el despojo duele muchísimo más). Se van robando tus metas, ideas, sueños, ilusiones y autoestima sin que apenas te des cuenta.

 Sucede como robo 'hormiga', silencioso y a veces, dependiendo del nivel de cercanía, funciona como una hipnosis en donde tú les otorgas gratis todo eso que te hace falta para ser feliz TÚ. A cambio te van dejando residuos de su veneno y su recelo viviendo por todo tu cuerpo y obstaculizando tu crecimiento en todos los sentidos.

 Cuando has sido el blanco de esto, es difícil curar el alma resultante, pues termina amoratada a causa de tantas mordidas y chupetones de energía vital; debilitada y confundida. No olvides tomarlo en cuenta. Tu vida está primero.  La voz de la experiencia te sugiere lo siguiente:

 1. Jamás digas que a ti no tienen nada que envidiarte. A la gente vacía siempre le va a hacer falta algo que tú ya tienes.

 2. Valora y agradece hasta la más mínima cosa: tu familia, tu trabajo, tu libertad, tus talentos, tus amigos, tu cuerpo y tu forma de ser. Así los consideres insignificantes, estos bienes son los más buscados por las almas envidiosas.

 3. Puedes sentir ciertos apegos hacia las personas, pero nunca sacrifiques nada tuyo por el otro. Esa es una mentira religiosa "dar hasta que duela" ¿en qué momento? Entrega porque te place, no porque es un deber o una responsabilidad moral. La lástima y la caridad son ofensivas, siente compasión en términos de la empatía, y si puedes ayudar, ayuda, pero no abras puertas en tu corazón que después no sepas cerrar.

 4. Observa más de cerca y descubre potenciales huecos en los otros. Justamente la práctica de la empatía te dará la maestría para detectar a tiempo y neutralizar esas malas energías.

 5. Una vez detectadas, marca distancias pacíficas y respetuosas, aunque si debes ser tajante, hazlo y no tengas miedo del qué dirán. Supéralo. Si no lo haces, tu suplicio apenas comienza.

 6. No vivas con desconfianza, confía en el ser humano. Apuesta positivamente asumiendo los riesgos y afrontando dignamente las consecuencias. (Cuidado, eso sí, con quien piensa que le envidian cosas superficiales -apariencia, estatus social, bienes materiales, etc.- Por lo regular esas personas envidian secretamente todo lo que no tienen en abundancia.)

 7. Fortalécete en amor propio y autocuidado. Estudia tus emociones y aprende a controlarlas. El proceso puede ser largo, pero no descanses hasta erradicar de tu vida a las personas que en lugar de apoyo, representan una carga energética más, por mucho cariño que sientas por ellas. No descanses hasta no necesitarles, no descanses hasta que te sientas bien estando en soledad. Hasta ese momento entenderás que la soledad no existe, eres parte de todo y todos.

 Se ha puesto de moda llamarles 'personas tóxicas'o 'vampiros energéticos o emocionales', lo cual genera confusión, división y se vuelve una etiqueta que produce más negatividad en la persona.

Es mejor pensar a nivel de energía. A veces la gente carga consigo estas ondas inconscientes y ni sabe el nivel de daño que hace. No son personas felices por dentro aunque la mayoría pueda aparentar muy eficazmente lo contrario.

 A veces su momento pasa y su energía proveniente de algún dolor o suceso en su vida se renueva y ya no envidia nada. Otras veces esa energía ya es un cúmulo de cosas fuertes de esta u otras vidas, esto se siente, se percibe cuando uno está alerta, por lo que es mejor alejarse definitivamente. Haz caso a la intuición, ésta nunca falla.

 Decirles que sienten una envidia inconsciente puede ser muy ofensivo y agravar la relación. Lo mejor es protegerse mental y espiritualmente para no tener que echar mano del recurso de defenderse, pues puede caerse en un círculo de violencia que no tenga final.

 Atrae a tu vida gente empática, serena y madura. Cuando empiecen a abundar a tu alrededor, sabrás que lo mismo has alcanzado tú también.

sábado, 4 de febrero de 2017

Ser o no ser cabaretera

Todo lo que se pone de moda pronto cae de mi gracia. Y hoy por hoy, tengo que decir algo que me hiere profundamente el pundonor: el cabaret... está de moda.

Después de mi post último ("Me cansé de definir el cabaret") sobre este tema, han pasado varias lunas. Doce, para ser exacta. Por eso este año inicio partiendo de la pregunta shakespereana existencial por excelencia, escribiendo un breve:

MANIFIESTO CABARETERO
Hortensia Martínez/Ondina Cabaret

1.- Me resisto a ser entretenimiento barato. Entiéndase por barato, algo inmediato, hecho para gustar, para hablar del tema y los personajes de moda. No me importa si gano tres pesos o actúo gratis, pero no quiero hacer nada para estar vigente, para estar de moda o en boca de todo el mundo. Hago cabaret por razones más profundas para mí, que la de entretener al respetable. Entretendré si lo logro, pero a mi modo. No seré más complaciente con nadie. El mundo, y especialmente el país, no necesitan una 'cabaretera' más. Ya hay demasiados y demasiadas.

2.- Me seguiré llamando 'cabaretera'. Después de casi 8 años de estar guerreando contra definiciones del término aquí y en otros mundos; después de retorcérseme las tripas por ver tanta gente que se autonombra así y que pretende decir que hace cabaret; después de no ser reconocida por casi nadie en el medio como cabaretera por muchas razones que van desde mi profesión de pedagoga hasta mis escasos trabajos escénicos comparados con los de muchos otros; y después de no recibir apoyo ninguno para mis producciones, salvo el cariño y la colaboración de contados colegas que han creído en mí y me siguen echando porras; me declaro una cabaretera con todas sus letras:

  • Porque soy parte de la gente del pueblo que se sube a un escenario a decir lo que le oprime.
  • Porque lo mismo me he presentado en foros hechos para teatro, que en universidades, bares y cualquier espacio que el cabaret pueda tomar por asalto para expresarse.
  • Porque hablo de lo que me duele y lo que me importa decir.
  • Porque la mayoría de mis trabajos los he producido y escrito yo.
  • Porque aún con mis limitados y poco entrenados talentos he hecho el cabaret en el que creo.
  • Porque siempre que me subo a un escenario soy honesta y congruente.
  • Porque siempre que me subo a un escenario trato de dar lo mejor de mí.
  • Porque trato de estar feliz en escena. El público no tiene la culpa de mis procesos emocionales o psicológicos. Aunque el teatro me ha ayudado mucho en mi construcción personal, no es mi terapia ni lo uso de escaparate para exhibir mis traumas. Amo y respeto el escenario, justo porque le agradezco hacerme feliz, sobre todo cuando me he sentido más desgraciada.
  • Porque para mí el público es un ser vivo, pensante y sintiente, juguetón y dolido. No son mis fans, no mis seguidores, no mis aprendices o mis súbditos. No vienen a admirarme ni puedo hacer con ellos lo que yo quiera, y soy yo quien está a su servicio, no ellos al mío.
  • Porque he aprendido a la mala lo que es abuso, manipulación, traición y falta de ética en el arte y en la vida. Nadie puede esperar eso de mí. Ser cabaretero/a no es lo mismo que ser un hijo o hija de la chingada, aunque muchos se siguen tragando ese cuento. Un cabaretero/a puede ser todo lo inmoral que quiera, pero ser antiético te quita todo lo poco o mucho que tengas de 'artista'.
  • Porque no soy mis maestros ni mis compañeros de carrera. He compartido espacios con gente grande y famosa, pero no soy ellos. Yo soy yo con mi formación y mi trayectoria, ellos sólo han sido parte de la construcción de mí misma. No olvido ni menosprecio a nadie, admiro a todos en uno o varios aspectos, y agradezco su tiempo en mi vida, pero yo tengo un nombre, aunque sólo yo lo conozca cuando me veo en el espejo. Para mí eso es suficiente y me ha costado mucho. 
  • Porque doy clases para ayudar a entender qué tipo de cabaret puede hacer cada quién, consciente de que el cabaret no se enseña ni es para todos, segura de que el cabaret se adquiere por contagio, y como si fuera un desahucio, se aprende a llevar con dignidad, o él mismo te mata. No se puede aprender el cabaret de nadie, porque uno termina haciendo teatro cabareteado al estilo de... el maestro o maestra que le enseñó a uno... y porque tampoco se puede fingir tener el virus del cabaret, eso se nota. Es fácil distinguir porque el entusiasmo del juguete recién descubierto no se compara con el compromiso y la pasión que genera el verdadero virus. Eso es otra cosa.
  • Porque no encajo en el estereotipo de cabaretera, ni lo necesito. No requiero ser fiestera, amiguera, promiscua, ni siquiera alegre o de risa fácil. No me interesa parecer cabaretera. Soy cordial, pero selectiva, sensual pero no una bomba sexy. Mis halagos son honestos, no cumplidos ni adulaciones. No sé coquetear, me parece ridículo. Puedo jugar y alburear pero tengo límites, lo hago sólo si me siento en confianza. Sí, por ser tan selectiva suelo parecerle aburrida a mucha gente, y hasta mamona.
3.- Nombrarme cabaretera no define todo lo que soy o puedo hacer. Ondina Cabaret es un laboratorio, un taller artístico personal donde puede entrar quien quiera jugar, compartir y aprender de buen modo conmigo. He hecho teatro, cine, stand up comedy, burlesque, poesía, música, performance, foto, pintura y cualquier cosa que se me pegue la gana experimentar. Me dedico a la educación porque igual me apasiona y soy profesional en ello, pero tampoco me define el término 'maestra', porque soy una eterna aprendiz del mundo.

Finalmente no sé con cuánta frecuencia haré cabaret puesto que no vivo de esto. Para mí el cabaret es un placer, un lujo que puedo darme de vez en cuando, y sobre el que me encanta disertar cada vez que puedo.

¿Ser o no ser cabaretera? No lo sé. Definirte no te hace ser propiamente, para lograrlo, se tiene que estar,  y sobre todo, hacer, dicen. 

Bien... intentaré seguir estando y haciendo. Por lo pronto definirme es un buen paso. Ya el tiempo decidirá si logré serlo.

sábado, 14 de enero de 2017

Ser o no ser buena persona

De pequeña me enseñaron a ser buena y obediente. Se me quitó por completo lo obediente pero se me quedó la idea de pretender ser buena.

Y lo peor de todo esto ha sido la búsqueda de una convicción sobre la bondad humana. 

No me interesa ser mala: planear venganzas, revanchas y escarmientos me parece inteligencia desperdiciada, además lastimar a otros siempre me ha hecho mucho más daño a mí, me produce un dolor intenso, insoportable. Un dolor al que le huyo porque ver sufrir a otros no me causa placer, por eso no lastimo intencionadamente, sería muy tonta si me procurara a cada rato un dolor de esa magnitud. Se podría decir, pues, que intento ser 'buena'.

¿Qué pasa cuando uno pretende ser buena persona y al final de cuentas termina siendo la peor de todas? ¿Qué sucedió aquí? ¿En qué me equivoqué? Si todo se sentía tan bien, y era tan congruente con lo que pienso y siento, ¿por qué no lo puedo decir? ¿por qué hay que endulzarlo todo con miel cuando la miseria humana es exactamente así, como es?

Vivir en un país como México me ha puesto mordazas por todos lados, no me ha permitido la honestidad como se debe. He tenido que hacer grandes esfuerzos por decir lo que pienso y siento usando pincitas para no herir susceptibilidades... pero a decir verdad casi nunca lo logro.

Manejo la diplomacia, pero nunca apruebo algo que me incomoda sólo 'para no pelear'. Cuando lo he hecho, me aprisiona la frustración y ya nada funciona. Termino peleando igual de todos modos. Por eso conozco muy bien los límites entre el respeto a lo que el otro siente, y el respeto a lo que siento yo: si aquí pareciera ser más importante un criterio que otro, siempre manifiesto mi inconformidad, por eso llego a ser incómoda en todos lados.

Pocas son las personas que se permiten y te permiten "hablarles al chile", como decimos aquí cuando queremos advertir que no usaremos adornos, tapujos o misericordias a la hora de hablar de forma directa. Aquí la gente es hipócrita y manipuladora por cultura.

Los mexicanos somos una raza herida, nos tomamos las cosas de modo personal muy fácilmente, no nos atrevemos a romper las reglas y cuando lo hacemos, sentimos culpa de inmediato, nos juzgamos muy severamente, o peor aún, nos protegemos echando la culpa a otros.

Sé que generalizar en este asunto no sólo es peligroso sino anticuado. El mexicano actual, sobre todo en esta ciudad cosmopolita en la que vivo, donde convergen muchas culturas, y donde cada zona es un mundo aparte, no puedo decir que 'el mexicano' (cualquier cosa que eso signifique) es sólo aquéllo que dije.

Hay mexicanos muy inteligentes, mordaces, firmes y buenos.

Buenos. Otra vez se atraviesa el término, y lo incluyo muy a propósito, porque quienes hablamos 'al chile' no tenemos que ser lo contrario. Si bien yo no he encontrado aún la fórmula para equilibrar en mí misma cinismo y bondad, he comprobado que existe y distingo muy bien a quien lo practica y a quienes no.

Cuando crezca quiero ser buena. Todavía quiero serlo porque hacia allá me llama mi propia naturaleza humana encarnada en este planeta. Me llama buscar todo lo que está en mis manos para nadar contra corriente y amar, entregar, fluir, armonizar. No es nada fácil. Muchas veces termina uno pasando por el pleito, inevitablemente, para alcanzar la comprensión. Y si buscar la bondad no resulta una tarea fácil, debo decir que conozco muy bien la maldad en mí misma, y ésta ha resultado indeseable. 

La bondad es algo chido de vivir, pero creo que aún me falta explorar mi lado cínico que debiera decir como estigma en mi frente: "Sí, soy buena, y qué?" Buena sí, pero ya no más: ilusa, idiota, pendeja.

sábado, 24 de septiembre de 2016

El amor...

He intentado muchos escritos, muchos dibujos, muchos esquemas, muchas maneras de explicarme el amor. Toda herramienta y todo lenguaje se han quedado cortos para poder abarcar en su totalidad lo que se siente.

He amado con todas mis fuerzas, con mis dos piernas y mis dos brazos, con mi boca y con mis manos. He amado tanto, que da terror.

Cualquiera que no sepa amar de ésta manera, dirá con facilidad que eso no es amor, que qué horrible se ha de sentir, que qué enferma estoy, que por qué mejor no me amo a mí primero.

Cualquiera que todo el tiempo le haya huido a ésto, dirá que esta no es vida, que amar no es vivir llorando... y no, no es sólo eso.

Llorar desde el amor no es sufrir por gusto.
Llorar desde el amor es sentirse vivo, sentir grande el corazón.
Llorar desde el amor no es pelear, es luchar, más bien resistir, que no es lo mismo.
Llorar desde el amor no es de dramáticos baratos, es de sabios incomprendidos.

Ojalá que las lágrimas vertidas desde el amor fueran de colores para distinguirse de las de cocodrilo, de las del chantaje, de las del capricho. De ser así, yo he llorado arcoiris en cascadas que cualquiera que las viera en lugar de despreciarlas, las recogería y atesoraría como reliquias.

Ama así. Cualquiera puede. No ames de lejos, en silencio, sutil y pasivamente. No te guardes tu pasión, no se desgasta. No encierres dentro de tu pecho el dolor hasta que se haga cáncer, eso es castigarte, flagelarte ignorándote a ti mismo.

El amor es más que desapego y vivir el momento. El amor lo es todo, es la fuerza que mueve al mundo. Lo comprenderás cuando así quieras comprenderlo, cuando estés listo, cuando el desapego y el aquí/ahora los vivas desde el amor y no desde la evasión.

Cuando la vida elegida es tan dura, que debes escapar de ella para estar bien, hay algo que hacer en el día a día. La respuesta es amarte... y ya después, si te sobra tantito amor, ama a quienes creen en ti, en tu esencia, y no sólo en tu presencia. Ama a quienes permanezcan a tu lado no por conveniencia sino por verdadero amor. Sabrás distinguirlo entonces. Sí se puede. Nunca es tarde.

sábado, 17 de septiembre de 2016

El cabaret de los refugiados

Rara vez escribo reseñas, pero cuando lo hago es porque la necesidad se vuelve urgencia. Pocas puestas en escena suponen un paseo en el que al regreso nada es igual que al llegar. Son esas obras donde el que viaja es tu corazón porque otro corazón lo llevó de la mano: la honestidad del artista se hizo presente .

Al primero que vi, hace algunos años, fue a Pedro Kóminik cantando canciones de la entreguerra, recordando a su abuelo cruzar a pie las fronteras, perseguido por los nazis. Una lágrima humedecía su mejilla al cantar Lilí Marlene, al tiempo que reafirmaba su irrevocable decisión de permanecer en esta tierra que le vio nacer, y que abrigó a su padre desde muy niño.

Más adelante vi a Julien Le Gargasson recitar en su idioma natal a Rimbaud mientras en hipnótico strip tease coloreaba el suelo con la bandera azul, blanco y rojo. En L'homme avec le fusil sur le sable hablaría también de un fugitivo de guerra. Julien habla al menos dos idiomas perfectamente: el chilango y el francés. Vive aquí desde hace años, abrazado por este país, que lo ha acogido como hijo propio.

Ambos fueron mis maestros dentro y fuera de la escena. Ambos me enseñaron mucho de lo poco que sé de teatro, su semilla ya está sembrada. México es una oportunidad para los dos de hacer lo que aman, de hacerlo bien, de decir lo que opinan sin tener que hacer maletas.

Desde el momento en que Adriana Jiménez Moles me platicó del proyecto más íntimo en el que estaba trabajando, deseaba verlo. Llevaba años investigando lo que su familia española no le quiso contar sobre su llegada a tierras mexicanas escapando del franquismo, y encontró que su abuela le había heredado la inclinación por la música y el humor. Un humor doliente, una música de supervivencia, que llevó a la actriz a presentar ante el público su trabajo más serio: K-baret dels refúgiats (Cabaret de los refugiados).

Un salón pequeño que en su media oscuridad remonta a la Europa Vieja. Una proyección titilante que sugiere que estamos en un improvisado cabaret en pleno centro de la Ciudad de México. Pañuelos blancos en las mesas, la convención ya iniciada por la protagonista de la obra que nos invita a pasar llamándonos refugiados.

Adentro es un lugar seguro, desde donde se escucha el terror de afuera. Evidentemente es una cloaca, un bunker, un espacio subterráneo en toda forma donde desfila una rata maquillada a lo Geraldine Chaplin, invitándonos a reír y olvidar. Luego le sigue una caricatura tras otra: la santamadreiglesia, cómplice del terror de las guerras, un dictador...otro. Ridículos muñecos que arrancan la risa como una mueca de melancolía. Personajes y canciones que son casi un leitmotiv en la carrera de la actriz, y que me recuerdan con familiaridad que estoy en terreno amigo.

Es el escenario del Orfeó Catalá de Méxic, donde de pronto surge una mujer enamorada, españolísima: la personificación de la abuela catalana que entretiene al respetable recordándonos que aún sigue vivo el amor, que aún estamos vivos todos.

Súbitamente un rompimiento bechtiano, apertura de un momento que se antoja tertulia chiflada en el Cabaret Voltaire, o debate político-filosófico salpicado de música en los bares de Aristide Bruant. Cuatro personas del público, entre mexicanos y extranjeros, toman la palabra invitándonos apasionadamente a amar este país.

El final ya no lo cuento para no pecar de pirómana de obras. El final es lo que me ha calado. Ese final espontáneo de los asistentes me lo quedo yo, blandiendo el pañuelo blanco que no sabe si saluda o si dice adiós.

Yo creo que da la bienvenida de nuevo al cabaret en mi vida. Me devuelve como el oleaje al puerto donde pertenezco. A veces quisiera amar a mi patria como la aman otros que la ven como su madre adoptiva. Yo la veo como una madre maltratada a la que aún duele voltear a ver, pero aún así, rota y maltrecha, es bueno recordar cómo ha sabido ser cuna de quienes necesitaron una nodriza querendona al verse lejos del suelo donde han nacido.

Gracias, Adriana por hacer cabaret "a la antigüita", cabaret del que se extraña, cabaret honesto, cabaret real, digan lo que digan. Gracias por ese electrochoque a mi patriotismo agonizante en este mes de festejos nacionales. Gracias por recordarme que el cabaret me adoptó y me dio asilo cuando me sentí una extraña en mi propia tierra. Gracias por darme una identidad nueva: soy una refugiada del cabaret.


K-baret dels refúgiats (Cabaret de los refugiados)
De y con: Adriana Jiménez Moles e Isaac Bañuelos
Montaje visual: Cineorama Video
Se presenta en:
La Cassola del Orfeo Catalá de Mexic.
Marsella 45 Colonia Juárez.
Muy cerca del metro Cuauhtémoc
Sábados 20:00 horas
Cooperación Voluntaria

lunes, 1 de febrero de 2016

Me cansé de intentar definir el cabaret

Fue en 2009 cuando enarbolé la bandera del cabaret como propia. A partir de ahí me dediqué a investigar y a vivir lo que era eso, incluso pensé en escribir un libro.

Me cansé de escuchar primero en mi cabeza, y luego en voces de otras personas la pregunta "¿Qué es cabaret?", que es como si preguntaran si existe vida después de la muerte, como definir el concepto de dios o de ser humano: cada quien lo define como lo ha vivido. Así de profundo y complejo es.

¿Por qué la necesidad de definir las cosas?

Porque estamos hechos de palabras, porque nos es menester poder nombrar algo para cobrar identidad y pertenencia con ello, para tener arraigo y reconocimiento social. Por eso decimos: mi pueblo, mi escuela, mi carrera, mi trabajo. Por eso insistimos tanto cuando preguntamos ¿qué somos tú y yo? porque queremos definirnos, porque escuchar de su voz "mi novia", "mi amante", "mi todo", nos da identidad, pertenencia, arraigo y reconocimiento social.

¿Por qué la necesidad de definir cabaret?

Primero para quienes lo hacemos: definirlo te da justamente este norte, esta guía de saber a dónde vas. Quienes hemos buscado definir lo que hacemos es porque nos importa tener certezas sobre eso mismo. Movidos/as quizás por el miedo a lo desconocido que te orilla a buscar, a investigar, a preguntar y experimentar. Movidos/as quizás por una aprehensión a lo que realizamos, que nos hace querer poseer toda la información existente y desde ahí poder amarlo y defenderlo. Definir cabaret para quienes lo hacemos es primordial, es como preguntarse, ¿por qué quiero estudiar Medicina? es una motivación vital para encontrarnos o desencontrarnos en una profesión.

Después, para quienes no lo hacen: que alguien se los defina les brinda cultura general, les rebaja los prejuicios y les enseña sobre diversidad, teatro, historia, les abre la mente a un mundo diferente que está sucediendo y que siempre ha estado sucediendo de muy distintas formas.

Para quienes no hacen cabaret es necesario exhortarlos a que se acerquen a conocerlo, pero desde la argumentación sólida para poder responder a la pregunta "¿y qué es eso?"

No es necesario que demos una cátedra completa de lo que es el género, o la modalidad, o como quieran llamarle. Simplemente es invitar a ver, a vivir, a disfrutar de un espectáculo distinto, desde la convicción profunda de que lo que hacemos es útil y necesario para la sociedad, y para intentar hacerlo cada vez mejor.

Para mi maestro Pedro Kóminik, en el cabaret hay que hablar de lo que le importa al creador, de lo que le significa personalmente, eso es lo principal: el tema del que quiere hablarse y la postura desde la que se aborda. Hay que seguir un rigor histórico y dramático, además de ser irreverente y divertido, y el/la ejecutante tiene que esforzarse por dar lo mejor de sí mismo/a, buscando para ello leer, prepararse, entrenarse y sobre todo, interactuar con el público de manera respetuosa. Nunca he encontrado un acercamiento de definición más acertado.

Para mi maestra Regina Orozco, el cabaret es un espacio para el delirio, para el juego. Es un escenario en donde sólo hay que preocuparse por dar amor. Para la maestra Jesusa Rodríguez el cabaret en México simplemente no existe.

Para otros maestros y maestras varía: es desde un foro de lucha y resistencia civil en donde definitivamente deben denunciarse los hechos y divulgarse las opiniones que nunca veremos en los medios públicos, hasta un lugar para el desmadre y la libertad absolutas.

Entonces, ¿qué es? ¿Es un lugar donde cabemos todos y todo o no lo es? Hay mucha preocupación de todos los creadores por definirlo, por decir qué sí y qué no es el cabaret, por decidir cómo debería de ser y por delimitar qué cabe y qué no en la escena cabaretera.

Ha sido tan grande el auge del género en los últimos años, que en la realidad todo el mundo lo ha hecho como ha querido, sabido y podido. El cabaret ha tenido que resistir la euforia que ha provocado en los ejecutantes escénicos tanto amateurs como profesionales y en formación. Ejecutantes de todas las disciplinas que se han puesto el mote de cabareteros por moda, por influencia o por simple gusto y exploración, no pocas veces con una absoluta falta de responsabilidad.

De ahí que, a pesar de que a muchas personas que hacen cabaret, les queda más o menos claro qué sí y qué no, y podríamos todo el mundo estar de acuerdo en ello, lo que sí es definitivo, es que a la hora de llevarlo a escena, no todos y no todas las veces logramos cumplir con ese discurso de lo que en un ideal debería ser el cabaret en nuestro contexto.

¿Por qué? Nadie lo sabe a ciencia cierta. El cabaret históricamente ha surgido en tiempos de guerra, en tiempos de falsa paz social, en momentos de fuertes tensiones políticas. No le queda bien a quienes lo hacen juzgarlo al mismo tiempo, no puede hacerse todo a la vez. Hay que salirse para poder verlo y entonces sí estudiarlo. Eso tal vez pueda dar bases más objetivas al momento de decidir volverlo a hacer, pero en realidad el fenómeno del cabaret en México aún sigue siendo difícil de delimitar y quizás nunca se pueda, o mejor aún, quizás nunca se deba.

El cabaret por antonomasia es indefinible, inasible, volátil. Cuando se define comienza su declive ya que empieza a institucionalizarse. El cabaret más puro surge de la necesidad imperante de libertad creativa, de autoafirmación, lucha y resistencia contra lo establecido con el único fin de perpetuar los privilegios de unos cuantos. El cabaret es el arte de las minorías, de los marginados, de los menos privilegiados, de los parias, es la apuesta por la visibilidad y el respeto a sus derechos.

Eso desde la perspectiva más romántica y purista, pero también es el derroche de emociones reprimidas, de deseos insatisfechos y representación de lo más oscuro del ser humano.

En el cabaret caben tantos locos como haya que dejar entrar mientras su esencia sea la del arte: provocar para transformar.

domingo, 8 de marzo de 2015

Autoafirmación necesaria

Nací y crecí sin identidad alguna. De cierto modo lo agradezco, porque he sido una relegada social y a partir de ello me ha tocado ver el mundo desde afuera, no me ha quedado de otra, soy una expulsada constante, una desterrada y auto exiliada. En ningún lado quepo y qué bueno.

Durante mucho tiempo renegué de ello, y aún hoy, algunas veces, me siento cansada de estar sola y busco círculos distintos dónde encajar, dando como resultado lo que ya es obvio: ahí tampoco es, allá tampoco, quién sabe si exista el lugar en donde algún día esta pieza perdida del rompecabezas que soy, cabrá. Es que me falta una patita, es que los bordes ya están desgastados, es que alguien me chupó y me quitó los colores. Por lo que sea, pero no encajo.

No soy ni rica ni miserable, ni gorda ni flaca, ni fea ni bonita, ni lista ni tonta, ni vieja ni joven, ni exitosa ni fracasada, ni amargada ni de carcajada fácil, ni ultra conservadora ni ultra liberal, ni teórica ni práctica, ni intelectual ni emocional, ni hedonista ni espiritual, ni materialista ni idealista, aunque en todas estas duplas, a veces me incline más por uno u otro lado de la balanza.

No creo en los niveles de autoridad, por lo tanto ni sé mandar, ni sé obedecer. Estoy en un punto medio de casi todo, tengo un poco de aquí y un poco de allá, soy un pequeño monstruito, un Frankenstein miniatura, sin esa fuerza, pero con esa mirada.

No me identifico con casi nada, a casi todo le encuentro peros, todo lo cuestiono, todo lo critico, soy de muy distintas formas, y aún sin identidad con el mundo de afuera, he tenido que construir una identidad personal.

No es la primera vez que abordo este tema. Me ha preocupado desde siempre, y como Pedagoga, escribí en algún momento un ensayo sobre el problema de la identidad del pedagogo/a: entre la ciencia y el arte. ¿Qué soy entonces? ¿Científica de la educación? ¿Artista frustrada? No soy nada, y a la vez puedo ser cualquier cosa que yo quiera precisamente porque no me ajusto a etiquetas ni a estereotipos.

Luego, ¿cuál es el problema de la falta de identidad? Ser una eterna inconforme, una eterna inadaptada. Me "engento" muy rápido, o sea, me abruman las masas, no me gusta la gente, especialmente cuando está en grupo, me molesta, me hace sentir acorralada. No me gustan las celebraciones tradicionales, soy 'Grinch' oficial de todos lados ante cualquier festejo. Me choca lo corriente y me caga lo snob. Ambos me parecen absolutamente "nacos", palabra que uso mucho justo porque es indefinible y aplicable a todo aquéllo que se puede despreciar de manera natural e impulsiva.

Sé que podría parecer un asco de persona, alguien indeseable como compañía, alguien que prefiere estar sola, y probablemente así es muchas veces. Sin embargo dista mucho de ser la definición total de mi ser:

Adoro las petites comités, los lugares tranquilos y callados en donde puede degustarse un buen aperitivo (café, té, copa o comida), los parques, las caminatas en compañía de gente que busca compartir ideas, confrontarlas, ponerlas a consideración para ser enriquecidas y encontrar nuevas propuestas de acción. Me encanta la gente inquieta, creativa, sagaz, abierta y propositiva. De ellos y ellas es de quienes me gusta rodearme para aprender, relajarme y crear proyectos. Aún así, soy muy quisquillosa en mi elección, porque pueden tener una moral relajada pero ante todo poseer principios éticos inamovibles: ser personas equitativas, incluyentes y pacifistas. Si no lo son, se nota luego.

Me alejo de las personas pretenciosas que parecen ser lo que yo busco, pero poco a poco muestran su verdadera cara, manifestando (aunque sea muy sutilmente y a veces hasta de forma inconsciente) su tendencia hacia la injusticia, la discriminación o la violencia. Con esas personas ya me he cansado de ser paciente, incluyente, justa, pacifista y equitativa. Ya no las quiero cerca de mí aunque sé que seguirán pasando por mi vida. Afortunadamente cada vez las detecto mejor, y raras veces me equivoco.

Quien me conoce bien, sabe que no estoy exagerando. He perdido muchas compañías sólo porque no soy tolerante con aquéllo que no se me pega la gana tolerar. Comprendo, soy empática y brindo soporte cuando se requiere eso de mí. Cuando no, estoy abierta a escuchar puntos de vista diversos y acomodar los míos para dar espacio a nuevas ideas, pero no me involucro más allá de lo que creo posible cuando sé que no vale la pena avanzar en la amistad. Lo aprendí de ésta profesión, que te desgasta cuando el otro/a te importa demasiado, y cuando esos otros/as que te importan, son demasiados.

Hay que tomar distancia, hay que proteger el alma, pero uno no sale invicto de esto. Uno decide amar, y ama, hasta las últimas consecuencias. Arriesgar, abrirse, buscar, analizar, jugar, divertirse, a veces sentirse una persona común y corriente, no tan despegada de todo y de todos.

Llego a disfrutar mucho las fiestas sólo si estoy con alguien que sea mi cómplice. Así puedo burlarme de los demás y después salir a la pista a permitir que los demás se burlen de mí. Me encanta bailar de todo, disfruto con mi cuerpo incluso aquélla música que no soportan mis oídos. Amo los movimientos graciosos y sensuales, me gusta cansarme y sudar al bailar, es de las pocas cosas que me hacen sonreír de verdad, con ganas.

Adoro cultivarme, acercarme a manifestaciones artísticas y culturales de toda índole. Tengo una verdadera pasión por conocer nuevas cosas a través de cualquier forma de arte. Ir al teatro, al cine o a un concierto, me entusiasman casi tanto como una cita para hacer el amor.

Me agrada mucho viajar, caminar las calles, 'turistearlas', aunque lo hago muchísimo menos de lo que en realidad querría. Me gusta platicar con gente desconocida que nunca volveré a ver. No lo propicio muy seguido, pero cuando se da, sé que está ocurriendo magia, que los ángeles son eso: personas que te encuentras y te cambian la vida, a veces por un instante, a veces de una vez y para siempre.

Así recuerdo mi amor verdadero por la esencia del ser humano. Recuerdo que lo que siento al odiar a la humanidad, no es odio en sí, sino tristeza por la humanidad que tendríamos que ser y no somos.

Me río de todos y critico a todos no porque comparta el mismo humor cinicote del mexicano promedio, que reacciona con sorna ante la desgracia ajena pero es incapaz de reírse de sí mismo o de autocriticarse, no. Me río de todo y critico a todos porque me duele la raquítica intención de ser felices en serio. Y sí, al igual que todos, me duele y me cuesta reírme de mí y autocriticarme, pero lo hago muy a menudo, por eso lloro también con frecuencia.

No obstante para mí la vida sí es una fiesta que hay que celebrar todos los días. Un lugar hermoso donde aún queda gente que vale la pena, sólo que no hacen demasiado ruido. Además existen los animales, las niñas y los niños, que son las criaturas más nobles y puras. Me gusta disfrutar de la naturaleza, el mundo para mí es una bendición de color, amor y ternura.

Pocas, muy contadas personas me hacen recordarlo y sentirlo. Sobra decir que son un tesoro en mi vida. Estas personas valiosas que cuento con una mano sobrándome dedos, son mis compañeros de baile, quienes toman mi mano y me sacan a la pista, recordándome que es hora de moverse y reír porque estar en esta fiesta vale la pena.

Si no me importara celebrar de fondo el milagro de estar viva, no me enfadaría tanto el que la gente a mi alrededor desperdiciara y echara a perder de tan mala manera lo hermoso que es ser humanos.

Por eso elegí la Educación como carrera y el Arte como religión, porque cuando puedo compartir esta idea de la vida con estudiantes y público, soy la más feliz, lo entiendan o no lo entiendan. Soy la más feliz sólo porque puedo recordarles el lado interesante de estar con vida, y ya lo que hagan con su propio concepto de humanos, es su responsabilidad total, yo ya me fui y me llevé mucho aprendizaje, pero nada de lo que aprenden de mí me pertenece absolutamente.

No tengo muchos apegos. Soy bastante desapegada, de hecho. Sólo me aferro a lo que me apasiona, a lo que me da vida, a lo que me regala sueños, esperanzas e ilusiones, y a lo que me enseña el camino hacia mi paz interior. Soy un mal bicho buena onda que está aprendiendo a quererse mucho, a valorarse cada día más y a perder el miedo a brillar en medio de todo lo que le asusta y le hiere.

Mi vida se parece más a un 'mochilazo' que a un Viaje Todo Pagado. Voy con las rodillas raspadas, cansancio en la espalda, sed y fatiga, pero veo lo que he recorrido y sólo dejo que pase la noche para que amanezca otro día. No me he rendido aún, aunque esté reponiendo fuerzas. Creo que el corazón todavía me alcanza para seguir andando.