sábado, 25 de noviembre de 2017

¿Coco o El Libro de la Vida?

Hace tres años descubrí la que sería por mucho, mi película de animación favorita de todos los tiempos: El libro de la Vida (Reel FX Creative Studios, 2014). Acudí tres veces a los cines para seguir recreando mis pupilas, mi emoción y mi intelecto en esa bella película que dejó en mí huellas muy difíciles de borrar.

Este año, en su semana de estreno, pagué la experiencia 4D para la película Coco (Disney Pixar, 2017), y aunque me sacudí física y emocionalmente, no hubo nada que dejara permanente en mí.

Cabe señalar que a ambas funciones acudí con las menores expectativas, me negué a ver avances, entrevistas promocionales y otras cosas que no fueran única y exclusivamente el tráiler. Esto es porque toda la publicidad afecta mucho la forma en que uno se acerca a un filme, y siendo el Día de los Muertos la única festividad tradicional de mi tierra que sigo y respeto, quería llegar al cine desnuda de bombardeos mediáticos, y creo que lo logré.

¿Qué cosas hay en ambas películas que definieron no sólo mi inclinación definitiva hacia El Libro de la Vida y mi rechazo categórico hacia Coco? Aquí los puntos clave:

I. LOS PERSONAJES

En El Libro...la historia gira alrededor de tres niños que representan el machismo, el feminismo y las nuevas masculinidades. Joaquín es un niño que desde pequeño juega a  ser un macho bigotón, María juega con sus dos compañeros en condiciones iguales, no hay juegos de niños o de niñas, y Manolo sólo quiere tener la oportunidad de mostrar sus sentimientos a través de la música. Con esto, la película se vuelve la clara lucha de estos tres personajes contra el sistema establecido, arcaico y obsoleto, donde Joaquín es elevado a la categoría de héroe por su elección, mientras María es enviada a estudiar con las monjas para frenar su ímpetu y Manolo es obligado a seguir la tradición familiar que le exige mostrar valentía.

En Coco, vemos la historia de un niño con inclinaciones musicales que vive en una familia tan, pero tan rencorosa, que decidió erradicar la música de su vida sólo porque un hombre con ese oficio, supuestamente abandonó a su familia. Así, Miguel debe enfrentarse al odio irracional y hasta caricaturesco de sus parientes, lo cual hace parecer a los personajes más flojos en su construcción psicológica. En el filme se ve retratada además, la constitución familiar mexicana por excelencia: cuando no es una matriarca que educa con 'la chancla', normalizando la violencia como forma de ganarse el respeto; vemos también a la familia donde el padre es el que habla, mientras la madre, callada y embarazada, nunca opina, sólo refuerza la postura del esposo.

En El Libro..., el Mundo de los Muertos está custodiado por dos personajes que viven a caballo entre la dimensión de los vivos y el más allá: Xibalba y La Catrina. Al ver tales referencias uno se vuelve loco de la emoción: por un lado el villano es Xib'alb'á, que entre los mayas era el Inframundo, regido por la enfermedad y la muerte, equiparado muchas veces con el Infierno cristiano; y por otro, La Catrina es la figura amable de la Muerte, aquella a la que escribimos poemas graciosos en su día, llamados "calaveritas", la calavera de azúcar, la Madre Matiana, la Flaca, la Huesuda, aquella a la que se ve con cariño y respeto porque tarde o temprano a todos nos lleva.

En Coco, el Mundo de los Muertos está custodiado por una aduana que decide quién sale y quién entra. Una frontera llena de trabajadores burócratas que tiene todo excesivamente controlado.

En El Libro... la historia sale de un cuento contado directamente a unos niños gringos para mostrarles (como dice textualmente uno de los personajes) "la gloriosa belleza de México". Todo el tiempo sabemos que se nos está contando un cuento, como en el teatro épico de Brecht: la distancia emocional te da espacio abierto a la provocación intelectual.

En Coco, la historia viene de la vida cotidiana del niño, presentada como todas las historias Disney: apelando a la empatía que se crea con el personaje principal, metiéndonos en la historia para que nos acerquemos emocionalmente, anulando la reflexión o peor aún: imponiendo el mensaje. No hay punto de comparación.

II. LA MÚSICA

En El Libro... la música deja huellas. Desde el primer momento sabes que esa música se queda en ti porque ya la conoces (Versiones de Do ya think i'm sexy de Rod Stewart, Can't help falling in love de Elvis Presley y Creep de Radiohead) o porque es original, pero es tan bella, que ya la amas. Escuchar por primera vez la voz cantada de Diego Luna es realmente entrañable, está tan bien dirigido que logró imprimir no sólo la entonación correcta, sino la emotividad adecuada para transmitir lo que las escenas requieren.

Además el soundtrack original tiene a La Santa Cecilia como banda base: de lo mejorcito que hay en conceptos musicales que mezclan tradición mexicana y sonidos contemporáneos.

Recuerdo haber llorado toda la película, incluso mientras reía, en cada una de las canciones. Actualmente "The Apology song" y "I love you too much" tanto en inglés como en español son parte del soundtrack de mi vida, las traigo en mi celular y no me las brinco cuando aparecen.

En Coco (y aquí voy a coincidir con Kazbam, cuya reseña vale la pena leer), el niño que presta su voz a Miguel no es nada carismático. Para empezar, es un cantante salido del concurso La Voz Kids, un programa que sólo he tenido que ver por razones documentales, pero que no vería por placer ni de chiste. Un programa donde los talentos infantiles son convertidos en productos comerciales de ínfima calidad, y donde por regla general se crean mentalidades dirigidas más a la búsqueda de popularidad que al desarrollo del arte musical. Sus canciones en la película no son más que eso: productos comerciales que si las pones diez veces, por supuesto que son pegadizas y a la postre te van a significar algo, pero nada, nada más. "Recuérdame" sólo es memorable por el peso que tiene en la historia y porque en el OST la canta Carlos Rivera, un artista mexicano que tiene todo mi respeto, ya que a pesar de salir también de un concurso (La Academia, ganador de la 3a Generación), se ha ido posicionando no sólo como un baladista que vende discos, sino como una estrella del teatro musical, siendo protagonista de El Rey León tanto en España como en México. Fuera de eso, las canciones pasan sin pena ni gloria.

III. LA ANIMACIÓN

En El Libro... se usaron varios estilos de animación, destacando los seres vivos de los seres del más allá, así como los seres protagonistas del cuento. La estética de estos últimos es la de muñecos de madera tradicionales, y la belleza de los detalles es imposible de apreciar a simple vista. Hacen falta más oteadas a la película para lograr distinguir todos y cada uno. Las referencias a la cultura mexicana son sutiles e infinitas. Una de las cosas que más me gustó fue el diseño de los villanos de la historia: El Chacal y sus bandoleros que azotan al pueblo, tienen la apariencia de los dibujos del monero Magú, lo cual constituye una sátira política en sí misma.

En Coco, la animación está muy bien hecha técnicamente, lo cual puede llegar a emocionar en partes como los close up al rostro y las manos de abuela Coco, personaje en el que invirtieron tiempo, dinero y esfuerzo, al ser el pretexto ideal para hacernos llorar a todos los que hemos tenido o conocido a una abuelita como ella.

Fuera de la belleza gráfica de la película en general, la cual al conocer la calidad del trabajo en Pixar, no podía ser menos; puedo decir que no hubo nada que me emocionara particularmente en ese sentido, salvo, quizás, el puente de pétalos, que podía transmitir tanto miedo como excitación al mismo tiempo.

IV. EL CONTEXTO Y LAS REFERENCIAS

El Libro de la Vida está lleno de ingeniosas referencias a nuestra cultura. Para empezar se sitúa en San Ángel (un pueblo ficticio, aunque en realidad sí existe un pueblo que se llama así) en una época que oscila entre la Revolución Mexicana y El Cine de Oro nacional. Insisto, en todo momento sabemos que estamos en una historia ficticia, lejana en tiempo y cercana en actualidad, lo cual da una sensación de no haber evolucionado como sociedad debido al anquilosamiento de tradiciones decimonónicas incompatibles con el mundo de ahora. Se satiriza a la Iglesia Católica, a la tauromaquia, al machismo, a la ambición de poder, al amor romántico y todo con una inteligencia tan delicada, que en ningún momento se mencionan los términos ni hay panfletos o líneas educativas.

Coco está lleno de obviedades. Parece ser que se esforzaron tanto en apegarse a la cultura mexicana, que al final se fueron por lo más seguro: ahí están los ídolos del cine, los alebrijes, la piel morena, el pueblo mágico, Frida Khalo, la ofrenda... por momentos venían a mi mente los personajes del Chavo del Ocho y los espectáculos de Siempre en Domingo. Supuestamente la historia se da en Santa Cecilia, un pueblo ficticio que a la misma vez puede ser cualquier pueblo de México, en una época actual, ya que aunque la modernidad no se ve expresada en el mundo de los vivos, curiosamente sí se ve en el mundo "de allá", donde hay computadoras, teleféricos y barrios que corresponden al mundo actual, y nada de ello parece ser ajeno o demasiado sorprendente para el niño que viene de un pueblecito provinciano.

Personalmente me da igual si hubo rigor histórico en las tradiciones, ya que soy totalmente antitradición, pues lo que celebro de ese día es el fondo más que la forma. En ese sentido, lo más importante a comparar es:

V. LA IDEOLOGÍA

El Libro de la Vida nos muestra cómo los seres que llamamos dioses nos ven como muñecos de madera sobre los que libran apuestas y juegan a su capricho, materializándose incluso ante nuestros ojos como seres humanos o en situaciones que nos ponen a prueba.

Con esto dejan claro que puede haber un más allá gobernado por seres de otra dimensión que no siempre son benevolentes, y que ya sea en este mundo o en otro, quienes seguimos decidiendo nuestros destinos, somos nosotros: con, sin, y a pesar de las voluntades de los dioses.

Xibalba se divierte con los humanos y se alimenta de sus pesares. La Catrina es una imagen más maternal y ve a los humanos con ternura y admiración. Finalmente somos predecibles para ellos: uno conoce lo manipulables que podemos ser, otra conoce la grandeza de la que somos capaces. Uno gobierna la Tierra de los Olvidados, premisa que parece repetirse en Coco, donde quien es olvidado, desaparece definitivamente. Otra gobierna la Tierra de los Recordados, y ninguno de ellos condiciona el poner una foto en la ofrenda para morir definitivamente, como en Coco. Todo tiene que ver con la memoria y el cariño, entes abstractos que son más poderosos que un símbolo común semejante a un trámite de ciudadanía.

En Coco está Dante, el xoloizcuintle callejero (cosa improbable porque son ¡carísimos!), que en teoría debería ser el guía y guardián de Miguel hacia el Inframundo (que ni es infra... porque va de subida a través del puente de pétalos de cempasúchitl), pero que al final queda relegado a simple perro faldero porque ni él mismo sabe a lo que va. También está el espíritu poderoso del gato de la casa (cosa que descubrimos al final), y que es el guardián de toda la familia, personalizado en majestuoso alebrije. Esa inclusión de los animales me encantó, aunque en El Libro también se le hacen honores al reino animal, tornándose antitaurina por consecuencia natural de poner al torero como símbolo incuestionable de valentía machista.

En El Libro de la Vida el más allá es un lugar donde todos son felices, viven con los suyos, nadie está solo, nadie tiene más que nadie, todo es abundancia y alegría. Sólo hay un espacio en donde tienen lugar la angustia y el miedo, que es cuando Xibalba gobierna haciendo trampa, la Tierra de los Recordados. En la Tierra de los Olvidados sólo está la nada, no hay términos medios.

En Coco no dan ganas de morirse, la verdad: todo es igualito a la tierra de los vivos. El Más Allá es capitalista: hay vagabundos y millonarios, hay cadeneros que no te dejan entrar a cenas exclusivas, hay egos inflados, concursos de talentos, burócratas amargados y señoras resentidas con el marido que reclaman en las oficinas de gobierno. Hay policías y prófugos de la justicia, hay engaños y triquiñuelas, hay ídolos de masas y por ende, público fanático. Hay mansiones y barrios olvidados. Hay premisa de cuento de hadas: pasado un tiempo se acaba el hechizo y ya te amolaste, o sea que la prisa por luchar contra el reloj también existe después de la muerte. Más que un niño que cruza la frontera entre los vivos y los muertos, parece un niño que migra de México a Estados Unidos. No me gustó nadita.

La primera peli te dice: "Tú eres el dueño de tu propio destino, ninguna tradición familiar o roles sociales te pueden decir lo que tienes que hacer, y menos si va en contra de lo que en verdad dicta tu corazón. No hay nadie que sea tan poderoso que no pueda ser vencido a través de la verdad, el amor, o la unión del pueblo por un interés común."

La segunda peli te dice: "Vayas donde vayas no te vas a librar de los malvados, el sistema es el mismo aquí y allá, persigue tus sueños por egoístas que estos sean, pero siempre vuelve a la familia y a tus tradiciones, porque en ellos está la respuesta a todo, sin ellos no eres nada."

VI. LA CONCLUSIÓN

El Libro de la Vida es una obra de arte maravillosa. Cuenta con Guillermo del Toro como parte de la producción y con Diego Luna, Plácido Domingo, Sandra Echeverría y Kate del Castillo en las voces (el trabajo de esta última es lo único que no me gusta de la película, aunque el desagrado es menor.) ¿Lloré? Como Magdalena, las tres veces que la vi en cine, de alegría, de emoción, no de tristeza. ¿Caí en la tentación del merchandising? No, no compré nada, y sin embargo sigue siendo mi película animada predilecta.

Coco es una película más de Disney, muy oportuna en su promoción dado el actual gobierno racista de Trump y el pasado terremoto en la Ciudad de México, pero que como siempre, apuesta más a la emoción de los espectadores, que a la inteligencia. Por eso es más popular. Cuenta con las voces de Angélica Vale, Marco Antonio Solís El Buki, Jaime López (que dobla igual a todos sus personajes) y Gael García Bernal (quien hace el único personaje humano entrañable de la historia).

¿Lloré? Sí, cuando se muere el vagabundo por ser olvidado, cuando pienso que Dante se muere al convertirse en alebrije (lo cual sigo sin entender) y cuando abuelita Coco recuerda a su padre, era obvio. Rescato por supuesto la parte visual, Pixar son expertos en imprimir ternura y realismo a sus dibujos. Rescato también el giro que da la historia de los padres de Miguel, aunque media película el niño se ve apantallado por la riqueza y fama de Ernesto de la Cruz, además de influenciado por su materialista y maquiavélica idea del éxito. ¿Caí en el merchandising? Sí. Incluso antes de ver la película compré una playera cuyo estampado brilla en la oscuridad, y no me arrepiento, está linda.

No puedo dejar de resaltar finalmente, lo duro que se le ha pegado a Frida Khalo, quien ha de estarse revolcando en su tumba porque lo que ha trascendido de su vida y su obra, son su codependencia amorosa con Diego y sus cuadros autorreferentes con mala técnica. En cambio su singularidad femenina, su libertad sexual y su marcaje de tendencia en la moda, avanzados y muy criticados en su época, así como su militancia comunista, son ridiculizadas, minimizadas y a fin de cuentas reducidas a cenizas al convertirse en un objeto de consumo capitalista y símbolo del egocentrismo. No creo que haya sido la forma en la que hubiese querido volverse inmortal, da tristeza en verdad, como da tristeza el destino de ambas películas.

La película de Coco constituye un homenaje a nuestras tradiciones y la normalización del sistema dada la posibilidad de que permanezca funcionando incluso en otras dimensiones.

El Libro de la Vida es un cuestionamiento a nuestras tradiciones y la provocación a buscar la armonía y la unión para derrotar o desenmascarar al abusivo.

El Libro de la Vida pasó a formar parte del catálogo de películas para niños. Coco se ha convertido en la película animada más vista de todos los tiempos.

sábado, 12 de agosto de 2017

Hartazgo

"¡No soporto el humor barato!
No es corrección política, se llama hartazgo. No soporto ya el humor que agrede y que lastima. Personalmente he trabajado en ello en cada nuevo espectáculo que hago y lo obtenido como artista y ser humano me ha cambiado en muchos sentidos, se ha vuelto una forma de vida.

Pero me sigo preguntando: ¿Cuál es el poder que da insultar al otrx? ¿Qué sienten? Una superioridad inmediata imagino, una ventaja; pero que vacía es esa comedia.  Es común en el cabaret, en el bar gay y obvio la "comedia" televisiva de basura; (Guerra de chistes, Adal Ramones por decir algunos, donde  la misoginia es la mierda hecha "chiste") Lo mismo me sucede al escuchar humoristas que acostumbran denostar al de enfrente. Las que critican y se ríen de la audiencia diciéndoles feas, pobres, gordas, jotas, flacas, pendejas, etc. Eso del argot cabaretero les "permite" a muchxs esas licencias. Licencias arcaicas, licencias pobres...

El humor ya recurre a nuevas alternativas. Aún cuando el personaje te permita ser una clasista hija de la chingada, no puedes ofender a tu público y a tu compañero de escena. Es una labor ardua, pensante, inteligente. Recurrir al insulto, la misoginia, la homofobia, el machismo es ya ridiculo, es barato.

El humor es el arma más eficaz contra el poder decía el maestro Fo.
Si quieren hacer humor con contenido: Jode al poder, jode al que jode.
Lo contrario es ser canalla.
No es corrección política es hartazgo."

CÉSAR ENRÍQUEZ

martes, 8 de agosto de 2017

Paquita: las mentiras mal contadas

El pasado viernes 4 de agosto terminaron las transmisiones de la teleserie que intentó traer al público la biografía autorizada de Paquita la del Barrio: nuestra Paca, ese entrañable personaje de lo último que tuvimos de verdadero cabaret en esta Ciudad de México. Un cabaret que ya no existe y que se extraña, aunque muchos digan que qué bueno porque el ambiente nocturno ha evolucionado.

Debo confesar que desde el primer capítulo intentaba hacer de todo para no perdérmela. Entre tareas y quehaceres nocturnos, siempre estaba encendida la tele para echarle  aunque fuera un vistazo. La vida novelada de la cantante trajo el calor de hogar y unió a mi familia alrededor de la pantalla como hacía mucho tiempo no sucedía.

Mi abuela creció en Alto Lucero, Veracruz, ciudad de la que es oriunda Francisca Viveros, la protagonista de esta historia; así que, contrario a lo que algunas personas dijeron en su crítica, la forma de hablar de los personajes sí tenía que ver con el léxico jarocho, y la actriz que dio vida a Paquita de niña era un verdadero encanto. La dirección y la ambientación de los primeros capítulos, en un pueblito veracruzano, contaba con cierto aire de nostalgia por un México perdido, que todavía conservó hasta cierto punto en la capital, en los capítulos donde Paquita (en ese entonces llamada de cariño "Chica") se muda a probar suerte como cantante luego de su primer rompimiento amoroso.

Desde el primer momento se dio un duelo de actuaciones entre Paloma Woolrich como la insufrible abuela de Chica, y Andrés Pardavé, el dulce abuelo veterano de la Revolución Mexicana para quien su familia es un pelotón y la vida es eternamente una batalla.

Fue agradable ver en pantalla a Marissa Saavedra, a quien tuve oportunidad de entrevistar y de ver haciendo cabaret hace algunos años. Todo iba pintando bien: con su papel de la sumisa y abnegada madre de la cantante, podemos entender el contraste de experiencias que rodearon a nuestra Paca desde muy temprana edad. Marcia Coutiño encarnó a la aguerrida tía solterona, quien contrario al personaje de Marissa, lucha por lo que quiere y aconseja a su sobrina a que haga lo mismo. Estos cuatro personajes conservaron su esencia y su encanto de principio a fin, magníficas actuaciones.

Por otro lado los personajes de los niños compañeros de toda la vida de Francisca se definieron igual desde el principio: Clara y Camilo son la villana y el amor platónico de Paquita, personajes enteramente ficticios que sirvieron para proteger las verdaderas identidades de quienes tuvieran esos papeles en la vida real de la intérprete.

Él, Erick Chapa, aburrido, patético y acartonado, ella, Gloria Stalina, magnífica como la intrigosa enemiga disfrazada de amiga. Hermosa, sexy, todo lo que le ponían le lucía estupendo. Debo confesar que me di un enorme taco de ojo con sus vestuarios de pin up y de vedette. Los vestuaristas se dieron vuelo con ella, y viendo sus fotos de antes, nunca se vio tan guapa como con el look de femme fatale al que además hizo los honores con su apasionada entrega actoral.

Extrañaba amar a una villana, reírme con ella de sus maldades, pero es que nos lo pusieron muy fácil, de a peso: el zonzo de Camilo primero anduvo con otra mientras la Paca moría por él, y al final le dieron un giro queriéndonos hacer creer que siempre estuvo enamorado de la gordis, cuando ni química había con la estrella... ¡Ah! ¡La estrella! Entramos al tema escabroso: Andrea Ortega Lee..., sí la famosa "Manchita", con quien compartí escenario alguna vez allá en los años de gloria del Push up Comedy, pudiendo ser testigo de su época donde apenas se estaba lanzando al micrófono abierto de la escena estandopera.

No es mi comediante favorita pero tampoco es nada personal, de verdad ni la odio ni nada, pero Andrea Ortega NO ES actriz. Es una chica muy bella y tiene cierto carisma, pero seamos justos ¡NO ES ACTRIZ! Y ya la vimos protagonizando una película sólo por ser 'gordita', y ya la vimos en la serie no autorizada sobre la vida de Jenny Rivera, y ahora con un papel protagónico CARACTERIZADA como Paquita la del Barrio. Ni en broma me atrevería a decir que ACTUANDO.

Perdón, perdón... pero así hasta gusto daba que el personaje de Clara le diera donde más le duele.

La Paquita que nos retrataron dista mucho de ser la verdadera Francisca Viveros Barradas de la vida real. Nos dibujaron a una mujer resentida contra los hombres (quizá para que tuviera congruencia con lo que canta, pero no se vale), casi justificaron el proceder de su segundo esposo, un modelo muy guapo y simpaticón a quien poco a poco se le fue descarando el acento argentino.

Se diría que casi nos dijeron con una doble moral magistralmente armada, que la Paca tuvo la culpa de sus desgracias, pero que igual debemos quererla. Nos pusieron a una tipa envalentonada y berrinchuda, de difícil trato, una mujer que en lugar de madurar con los golpes de la vida, se hizo una niña malcriada y grosera... y es que no, no es así, ¡¡MANCHITA la actuó así!! (gracias a los libretos llenos de pataletas y peleas corrientes).

Y lo siento, pero aunque cualquier tonito ñero en la voz es fastidioso, si hay algo que me parece de plano insoportable es el tonito con 'papa en la boca' que no se quitan ni para dormir... ya saben, 'tonito fresa', 'de buena alcurnia' o como quieran llamarle. A mi Mancha le estorbaba la papa, ¡por amor de Dios!

Lo siento mucho, pero le quedó de plano grande el traje a la pequeña Andrea.

He tenido la fortuna de ver a la señora Paquita en vivo. Jamás se mete con el público de forma irrespetuosa, guarda su distancia y se concentra en SENTIR LO QUE CANTA, que es lo que al final de cuentas transmite y hasta le hace llorar constantemente en el escenario.

No es que esté amargada, no es que no quiera a los hombres, es que ha tomado la valentísima decisión de entregar sus sentimientos al público: recordar, volver a vivir, abrir la herida cada vez que interpreta, llorar, conectarse consigo misma y con lo más íntimo de su vida para regalárnoslo. ¿Y qué hace el público? Su público verdadero la aclama, lo recibe y agradece.

El público de los medios masivos se burla, no comprende "por qué no ha superado esos amores", le critica la imagen, la ve como objeto curioso o cuestiona sus letras tachándolas de "hembristas, feminazis y misándricas" cuando ella no es quien las escribe, lo hacen varios compositores, en especial uno que en la serie fue horrendamente representado por Chiquidrácula... que diga, Carlos Espejel (insuperable de horrible).

Desde hace muchos años estas letras le crearon ese personaje que ahora trae puesto y que es quien verdaderamente la hace sufrir. Paquita vive atada a la farándula morbosa que como carroñeros le pide que declare sobre temas polémicos. Recordemos su desafortunado comentario por el que la comunidad gay se divorció de ella: "prefiero que se mueran y no esa vida para las criaturas". Seguro estaba pensando en violadores, señores, no en una pareja gay de hábitos honorables.

¿Dónde está la comprensión, el amor y la tolerancia que tanto exige la comunidad? ¿Dónde está la inteligencia de la que se jactan? Porque Paquita es una señora de edad avanzada, sin estudios, ignorante de muchos temas de actualidad. Ella está metida sin querer en un mundo que la absorbió, ella no debe contestar lo que todo el mundo quiere oír porque simplemente no se le da la gana, porque está hasta el copete de preguntas banales y de que sus interlocutores reporteros siempre vayan hacia los mismos asuntos. Ya pidió disculpas, ya entendió el error, ya su serie incluyó a un personaje trans que es de-li-cio-so, encarnado por Alejandro de Marino. ¿Qué más quieren? Total, si se les hace muy naca o de plano nunca les ha gustado, que no les guste.

Paquita es y sigue siendo en el fondo una mujer pueblerina que concierto tras concierto revive la miseria de ser oprimida, y con dolor más que con odio, les canta a los machos y a veces las letras que le componen, van más allá del sarcasmo o del humor negro, pero escucharla y verla en vivo sigue siendo una delicia. Paquita es un pilar viviente del cabaret en México, por eso me da cierta rabia que Manchita no haya sido la mejor opción para encarnarla.

Al final, y después de muchas vueltas de tuerca, Paquita: las verdades bien cantadas, terminó convirtiendo la mitad de sus capítulos en una novela barata y complaciente, donde la villana recibe su castigo y los dos palomitos se quedan juntos.

Así no sucede la vida, y esa no es mi Paca, nuestra Paca la del Barrio. Tampoco esa de ahí es su hermana Viola, bien actuada y bien cantada por Sofía Garza (ella sí, no como Andreita, que ni sabía hacer play back de una imitadora barata). La señora Viola se caracteriza en la vida real por ser oportunista, rencorosa y envidiosa de su hermana 'la gorda', pues en más de una ocasión hizo declaraciones muy ardidas hacia quien sí hizo una carrera fructífera en esto. En la serie, pintan una Viola Viveros Barradas muy bella, entregada, solidaria y absolutamente leal a su hermana. Sí, la amamos, el personaje es querido, pero nada que ver con la verdadera relación de las hermanas que en su momento cantaron juntas como Las Golondrinas.

En fin, que para describir a Paca, nadie mejor que Don Monsi, quien fue representado en la serie por un actor que desconozco, pero que es igualito al difunto (por cierto, ese fue un momentazo, tienen que verlo).

"Indiferente a la moda, Paquita deposita en el barrio (la vida popular) su identidad y del barrio extrae su primera clientela, que capta al instante el mensaje de la cantante, en caso de que lo haya: polvo de discos viejos somos, recordar es vivir por primera vez, no hay amor sin desengaño, y, comadre, hágame caso, mejor hallarle chiste a la pobreza porque de allí ya no salimos. 

Y el nombre artístico, Paquita, la del barrio, es afortunadísimo, genera confianza y predispone el relajamiento del ánimo. Esta señora que canta pa- drísimo a lo mejor es nuestra vecina, es —o podría ser sin problemas— de nuestra familia y si la quieres oír vete en la noche al restorán aquí cerquita. Una cantante popular (como antes) en un sitio popular (como antes) en un barrio popular (como antes) es llamado inevitable de atención para cazadores de originalidad en la ciudad que se americaniza. 

Los intelectuales oyen a Paquita y la recomiendan a los de la televisión; los de la televisión popularizan a la señora francamente inmóvil y de pañuelo en mano, cuyo chiste es la singularidad; la actriz Silvia Pinal contrata a Paquita para el film Modelo antiguo; Televisa la utiliza en la telenovela María Mercedes; la revista Cambio 16 la invita a cantar en uno de sus aniversarios madrileños. Y Paquita, inmodificable, noche tras noche sigue en su lugar”.

Carlos Monsiváis
Ver capítulos de la serie

martes, 20 de junio de 2017

Alerta por ancestral forma de robo

La envidia es el peor tipo de energía que puede generar un ser humano. Daña en demasía porque ensucia lo limpio y se roba todo lo que puede llevarse. Es el recurso que tienen las almas inexpertas para hacerse de 'algo' que les haga sentir medianamente satisfechos.

 Hay que extremar precauciones para detectar a estos ladrones, ya que para operar se vuelven muy cercanos a su víctima. Pueden llamarse amigos o incluso parejas (ahí el despojo duele muchísimo más). Se van robando tus metas, ideas, sueños, ilusiones y autoestima sin que apenas te des cuenta.

 Sucede como robo 'hormiga', silencioso y a veces, dependiendo del nivel de cercanía, funciona como una hipnosis en donde tú les otorgas gratis todo eso que te hace falta para ser feliz TÚ. A cambio te van dejando residuos de su veneno y su recelo viviendo por todo tu cuerpo y obstaculizando tu crecimiento en todos los sentidos.

 Cuando has sido el blanco de esto, es difícil curar el alma resultante, pues termina amoratada a causa de tantas mordidas y chupetones de energía vital; debilitada y confundida. No olvides tomarlo en cuenta. Tu vida está primero.  La voz de la experiencia te sugiere lo siguiente:

 1. Jamás digas que a ti no tienen nada que envidiarte. A la gente vacía siempre le va a hacer falta algo que tú ya tienes.

 2. Valora y agradece hasta la más mínima cosa: tu familia, tu trabajo, tu libertad, tus talentos, tus amigos, tu cuerpo y tu forma de ser. Así los consideres insignificantes, estos bienes son los más buscados por las almas envidiosas.

 3. Puedes sentir ciertos apegos hacia las personas, pero nunca sacrifiques nada tuyo por el otro. Esa es una mentira religiosa "dar hasta que duela" ¿en qué momento? Entrega porque te place, no porque es un deber o una responsabilidad moral. La lástima y la caridad son ofensivas, siente compasión en términos de la empatía, y si puedes ayudar, ayuda, pero no abras puertas en tu corazón que después no sepas cerrar.

 4. Observa más de cerca y descubre potenciales huecos en los otros. Justamente la práctica de la empatía te dará la maestría para detectar a tiempo y neutralizar esas malas energías.

 5. Una vez detectadas, marca distancias pacíficas y respetuosas, aunque si debes ser tajante, hazlo y no tengas miedo del qué dirán. Supéralo. Si no lo haces, tu suplicio apenas comienza.

 6. No vivas con desconfianza, confía en el ser humano. Apuesta positivamente asumiendo los riesgos y afrontando dignamente las consecuencias. (Cuidado, eso sí, con quien piensa que le envidian cosas superficiales -apariencia, estatus social, bienes materiales, etc.- Por lo regular esas personas envidian secretamente todo lo que no tienen en abundancia.)

 7. Fortalécete en amor propio y autocuidado. Estudia tus emociones y aprende a controlarlas. El proceso puede ser largo, pero no descanses hasta erradicar de tu vida a las personas que en lugar de apoyo, representan una carga energética más, por mucho cariño que sientas por ellas. No descanses hasta no necesitarles, no descanses hasta que te sientas bien estando en soledad. Hasta ese momento entenderás que la soledad no existe, eres parte de todo y todos.

 Se ha puesto de moda llamarles 'personas tóxicas'o 'vampiros energéticos o emocionales', lo cual genera confusión, división y se vuelve una etiqueta que produce más negatividad en la persona.

Es mejor pensar a nivel de energía. A veces la gente carga consigo estas ondas inconscientes y ni sabe el nivel de daño que hace. No son personas felices por dentro aunque la mayoría pueda aparentar muy eficazmente lo contrario.

 A veces su momento pasa y su energía proveniente de algún dolor o suceso en su vida se renueva y ya no envidia nada. Otras veces esa energía ya es un cúmulo de cosas fuertes de esta u otras vidas, esto se siente, se percibe cuando uno está alerta, por lo que es mejor alejarse definitivamente. Haz caso a la intuición, ésta nunca falla.

 Decirles que sienten una envidia inconsciente puede ser muy ofensivo y agravar la relación. Lo mejor es protegerse mental y espiritualmente para no tener que echar mano del recurso de defenderse, pues puede caerse en un círculo de violencia que no tenga final.

 Atrae a tu vida gente empática, serena y madura. Cuando empiecen a abundar a tu alrededor, sabrás que lo mismo has alcanzado tú también.

sábado, 4 de febrero de 2017

Ser o no ser cabaretera

Todo lo que se pone de moda pronto cae de mi gracia. Y hoy por hoy, tengo que decir algo que me hiere profundamente el pundonor: el cabaret... está de moda.

Después de mi post último ("Me cansé de definir el cabaret") sobre este tema, han pasado varias lunas. Doce, para ser exacta. Por eso este año inicio partiendo de la pregunta shakespereana existencial por excelencia, escribiendo un breve:

MANIFIESTO CABARETERO
Hortensia Martínez/Ondina Cabaret

1.- Me resisto a ser entretenimiento barato. Entiéndase por barato, algo inmediato, hecho para gustar, para hablar del tema y los personajes de moda. No me importa si gano tres pesos o actúo gratis, pero no quiero hacer nada para estar vigente, para estar de moda o en boca de todo el mundo. Hago cabaret por razones más profundas para mí, que la de entretener al respetable. Entretendré si lo logro, pero a mi modo. No seré más complaciente con nadie. El mundo, y especialmente el país, no necesitan una 'cabaretera' más. Ya hay demasiados y demasiadas.

2.- Me seguiré llamando 'cabaretera'. Después de casi 8 años de estar guerreando contra definiciones del término aquí y en otros mundos; después de retorcérseme las tripas por ver tanta gente que se autonombra así y que pretende decir que hace cabaret; después de no ser reconocida por casi nadie en el medio como cabaretera por muchas razones que van desde mi profesión de pedagoga hasta mis escasos trabajos escénicos comparados con los de muchos otros; y después de no recibir apoyo ninguno para mis producciones, salvo el cariño y la colaboración de contados colegas que han creído en mí y me siguen echando porras; me declaro una cabaretera con todas sus letras:

  • Porque soy parte de la gente del pueblo que se sube a un escenario a decir lo que le oprime.
  • Porque lo mismo me he presentado en foros hechos para teatro, que en universidades, bares y cualquier espacio que el cabaret pueda tomar por asalto para expresarse.
  • Porque hablo de lo que me duele y lo que me importa decir.
  • Porque la mayoría de mis trabajos los he producido y escrito yo.
  • Porque aún con mis limitados y poco entrenados talentos he hecho el cabaret en el que creo.
  • Porque siempre que me subo a un escenario soy honesta y congruente.
  • Porque siempre que me subo a un escenario trato de dar lo mejor de mí.
  • Porque trato de estar feliz en escena. El público no tiene la culpa de mis procesos emocionales o psicológicos. Aunque el teatro me ha ayudado mucho en mi construcción personal, no es mi terapia ni lo uso de escaparate para exhibir mis traumas. Amo y respeto el escenario, justo porque le agradezco hacerme feliz, sobre todo cuando me he sentido más desgraciada.
  • Porque para mí el público es un ser vivo, pensante y sintiente, juguetón y dolido. No son mis fans, no mis seguidores, no mis aprendices o mis súbditos. No vienen a admirarme ni puedo hacer con ellos lo que yo quiera, y soy yo quien está a su servicio, no ellos al mío.
  • Porque he aprendido a la mala lo que es abuso, manipulación, traición y falta de ética en el arte y en la vida. Nadie puede esperar eso de mí. Ser cabaretero/a no es lo mismo que ser un hijo o hija de la chingada, aunque muchos se siguen tragando ese cuento. Un cabaretero/a puede ser todo lo inmoral que quiera, pero ser antiético te quita todo lo poco o mucho que tengas de 'artista'.
  • Porque no soy mis maestros ni mis compañeros de carrera. He compartido espacios con gente grande y famosa, pero no soy ellos. Yo soy yo con mi formación y mi trayectoria, ellos sólo han sido parte de la construcción de mí misma. No olvido ni menosprecio a nadie, admiro a todos en uno o varios aspectos, y agradezco su tiempo en mi vida, pero yo tengo un nombre, aunque sólo yo lo conozca cuando me veo en el espejo. Para mí eso es suficiente y me ha costado mucho. 
  • Porque doy clases para ayudar a entender qué tipo de cabaret puede hacer cada quién, consciente de que el cabaret no se enseña ni es para todos, segura de que el cabaret se adquiere por contagio, y como si fuera un desahucio, se aprende a llevar con dignidad, o él mismo te mata. No se puede aprender el cabaret de nadie, porque uno termina haciendo teatro cabareteado al estilo de... el maestro o maestra que le enseñó a uno... y porque tampoco se puede fingir tener el virus del cabaret, eso se nota. Es fácil distinguir porque el entusiasmo del juguete recién descubierto no se compara con el compromiso y la pasión que genera el verdadero virus. Eso es otra cosa.
  • Porque no encajo en el estereotipo de cabaretera, ni lo necesito. No requiero ser fiestera, amiguera, promiscua, ni siquiera alegre o de risa fácil. No me interesa parecer cabaretera. Soy cordial, pero selectiva, sensual pero no una bomba sexy. Mis halagos son honestos, no cumplidos ni adulaciones. No sé coquetear, me parece ridículo. Puedo jugar y alburear pero tengo límites, lo hago sólo si me siento en confianza. Sí, por ser tan selectiva suelo parecerle aburrida a mucha gente, y hasta mamona.
3.- Nombrarme cabaretera no define todo lo que soy o puedo hacer. Ondina Cabaret es un laboratorio, un taller artístico personal donde puede entrar quien quiera jugar, compartir y aprender de buen modo conmigo. He hecho teatro, cine, stand up comedy, burlesque, poesía, música, performance, foto, pintura y cualquier cosa que se me pegue la gana experimentar. Me dedico a la educación porque igual me apasiona y soy profesional en ello, pero tampoco me define el término 'maestra', porque soy una eterna aprendiz del mundo.

Finalmente no sé con cuánta frecuencia haré cabaret puesto que no vivo de esto. Para mí el cabaret es un placer, un lujo que puedo darme de vez en cuando, y sobre el que me encanta disertar cada vez que puedo.

¿Ser o no ser cabaretera? No lo sé. Definirte no te hace ser propiamente, para lograrlo, se tiene que estar,  y sobre todo, hacer, dicen. 

Bien... intentaré seguir estando y haciendo. Por lo pronto definirme es un buen paso. Ya el tiempo decidirá si logré serlo.

sábado, 14 de enero de 2017

Ser o no ser buena persona

De pequeña me enseñaron a ser buena y obediente. Se me quitó por completo lo obediente pero se me quedó la idea de pretender ser buena.

Y lo peor de todo esto ha sido la búsqueda de una convicción sobre la bondad humana. 

No me interesa ser mala: planear venganzas, revanchas y escarmientos me parece inteligencia desperdiciada, además lastimar a otros siempre me ha hecho mucho más daño a mí, me produce un dolor intenso, insoportable. Un dolor al que le huyo porque ver sufrir a otros no me causa placer, por eso no lastimo intencionadamente, sería muy tonta si me procurara a cada rato un dolor de esa magnitud. Se podría decir, pues, que intento ser 'buena'.

¿Qué pasa cuando uno pretende ser buena persona y al final de cuentas termina siendo la peor de todas? ¿Qué sucedió aquí? ¿En qué me equivoqué? Si todo se sentía tan bien, y era tan congruente con lo que pienso y siento, ¿por qué no lo puedo decir? ¿por qué hay que endulzarlo todo con miel cuando la miseria humana es exactamente así, como es?

Vivir en un país como México me ha puesto mordazas por todos lados, no me ha permitido la honestidad como se debe. He tenido que hacer grandes esfuerzos por decir lo que pienso y siento usando pincitas para no herir susceptibilidades... pero a decir verdad casi nunca lo logro.

Manejo la diplomacia, pero nunca apruebo algo que me incomoda sólo 'para no pelear'. Cuando lo he hecho, me aprisiona la frustración y ya nada funciona. Termino peleando igual de todos modos. Por eso conozco muy bien los límites entre el respeto a lo que el otro siente, y el respeto a lo que siento yo: si aquí pareciera ser más importante un criterio que otro, siempre manifiesto mi inconformidad, por eso llego a ser incómoda en todos lados.

Pocas son las personas que se permiten y te permiten "hablarles al chile", como decimos aquí cuando queremos advertir que no usaremos adornos, tapujos o misericordias a la hora de hablar de forma directa. Aquí la gente es hipócrita y manipuladora por cultura.

Los mexicanos somos una raza herida, nos tomamos las cosas de modo personal muy fácilmente, no nos atrevemos a romper las reglas y cuando lo hacemos, sentimos culpa de inmediato, nos juzgamos muy severamente, o peor aún, nos protegemos echando la culpa a otros.

Sé que generalizar en este asunto no sólo es peligroso sino anticuado. El mexicano actual, sobre todo en esta ciudad cosmopolita en la que vivo, donde convergen muchas culturas, y donde cada zona es un mundo aparte, no puedo decir que 'el mexicano' (cualquier cosa que eso signifique) es sólo aquéllo que dije.

Hay mexicanos muy inteligentes, mordaces, firmes y buenos.

Buenos. Otra vez se atraviesa el término, y lo incluyo muy a propósito, porque quienes hablamos 'al chile' no tenemos que ser lo contrario. Si bien yo no he encontrado aún la fórmula para equilibrar en mí misma cinismo y bondad, he comprobado que existe y distingo muy bien a quien lo practica y a quienes no.

Cuando crezca quiero ser buena. Todavía quiero serlo porque hacia allá me llama mi propia naturaleza humana encarnada en este planeta. Me llama buscar todo lo que está en mis manos para nadar contra corriente y amar, entregar, fluir, armonizar. No es nada fácil. Muchas veces termina uno pasando por el pleito, inevitablemente, para alcanzar la comprensión. Y si buscar la bondad no resulta una tarea fácil, debo decir que conozco muy bien la maldad en mí misma, y ésta ha resultado indeseable. 

La bondad es algo chido de vivir, pero creo que aún me falta explorar mi lado cínico que debiera decir como estigma en mi frente: "Sí, soy buena, y qué?" Buena sí, pero ya no más: ilusa, idiota, pendeja.

sábado, 24 de septiembre de 2016

El amor...

He intentado muchos escritos, muchos dibujos, muchos esquemas, muchas maneras de explicarme el amor. Toda herramienta y todo lenguaje se han quedado cortos para poder abarcar en su totalidad lo que se siente.

He amado con todas mis fuerzas, con mis dos piernas y mis dos brazos, con mi boca y con mis manos. He amado tanto, que da terror.

Cualquiera que no sepa amar de ésta manera, dirá con facilidad que eso no es amor, que qué horrible se ha de sentir, que qué enferma estoy, que por qué mejor no me amo a mí primero.

Cualquiera que todo el tiempo le haya huido a ésto, dirá que esta no es vida, que amar no es vivir llorando... y no, no es sólo eso.

Llorar desde el amor no es sufrir por gusto.
Llorar desde el amor es sentirse vivo, sentir grande el corazón.
Llorar desde el amor no es pelear, es luchar, más bien resistir, que no es lo mismo.
Llorar desde el amor no es de dramáticos baratos, es de sabios incomprendidos.

Ojalá que las lágrimas vertidas desde el amor fueran de colores para distinguirse de las de cocodrilo, de las del chantaje, de las del capricho. De ser así, yo he llorado arcoiris en cascadas que cualquiera que las viera en lugar de despreciarlas, las recogería y atesoraría como reliquias.

Ama así. Cualquiera puede. No ames de lejos, en silencio, sutil y pasivamente. No te guardes tu pasión, no se desgasta. No encierres dentro de tu pecho el dolor hasta que se haga cáncer, eso es castigarte, flagelarte ignorándote a ti mismo.

El amor es más que desapego y vivir el momento. El amor lo es todo, es la fuerza que mueve al mundo. Lo comprenderás cuando así quieras comprenderlo, cuando estés listo, cuando el desapego y el aquí/ahora los vivas desde el amor y no desde la evasión.

Cuando la vida elegida es tan dura, que debes escapar de ella para estar bien, hay algo que hacer en el día a día. La respuesta es amarte... y ya después, si te sobra tantito amor, ama a quienes creen en ti, en tu esencia, y no sólo en tu presencia. Ama a quienes permanezcan a tu lado no por conveniencia sino por verdadero amor. Sabrás distinguirlo entonces. Sí se puede. Nunca es tarde.