domingo, 22 de abril de 2018

Una aproximación al poder pedagógico -y revolucionario- del Cabaret

Según el Diccionario Akal de Pedagogía (Horst Schaub, Karl G. Zenke, Ediciones Akal 2001), la definición de representación escénica, incluye al cabaret como un contenido didáctico:

La pertinencia del cabaret como auxiliar pedagógico queda aquí manifiesta, además las competencias que se desarrollan en los estudiantes, son de diversa índole, abarcando principalmente la lingüística, la cultural y la social.

Competencia lingüística: de comprensión y expresión orales. Los educandos/espectadores/practicantes, se acercan a nuevas formas de entender y aplicar su idioma, así sea éste de forma prosaica, utilizando el ingenio hasta llegar a la sutileza de la sugerencia y evitando la obviedad. Esto se adquiere con la práctica, aunque muchas veces sucede desde el primer momento.

Competencia artística y cultural: el teatro es una fórmula ancestral de comunicación artística, y en el cabaret musical se unen a las virtudes literarias del teatro, las propias de los conocimientos y la sensibilidad musicales, dancísiticas, circenses y clownescas.

Competencia social y ciudadana. Reflexionar sobre la capacidad de comprender la realidad social, afrontar la convivencia y los conflictos empleando el juicio ético basado en los valores y prácticas democráticos. En definitiva, Cabaret acontece un recurso educativo relevando de carácter transversal para el tratamiento de contenidos y competencias educativas presentes en campos como el de Lenguaje y Comunicación, las Ciencias Sociales, la Música, las lenguas extranjeras, la Educación Visual y Plástica, y la Filosofía."

Personalmente llevo más de dos años trabajando el programa de Cabaret para usuarios de Ciberescuelas en la delegación Tlalpan de la Ciudad de México, en donde Adriana Moles fue la encargada de juntar originalmente a tres artistas dedicados a la enseñanza del Clown, el Circo y el Cabaret. Así, iniciamos este proyecto Darina Robles como maestra de Clown, el artista multidisciplinario Wilson como maestro de Circo y yo, Hortensia Martínez, a cargo de las clases de Cabaret.  Bajo la venia pedagógica de Samuel Salinas Álvarez, cabeza del proyecto Ciberescuelas, pronto se integraron Irazema Hernández y Juan Antonio Sánchez a las clases de Clown.

La aventura de llevar contenidos de arte alternativo a las poblaciones más necesitadas, ha sido de un aprendizaje magnífico. Regularmente la gente que estudia en escuelas gratuitas, no tiene acceso a las formas de arte más refinadas, así que el acercarse al arte desde sus propias referencias culturales, desde sus propios intereses y hasta desde sus propios problemas, hace que sea más significativo para ellos.

La gente está ávida de conocer formas de expresión que estén a su alcance, y el cabaret, con todo lo que abarca, incluidos circo y clown, es una herramienta inigualable para lograr que conozcan las bases sociales del teatro, el carácter político de la expresión verbal y corporal, así como la oportunidad de organizarse para crear consciencia en sus comunidades, además de inclinarse más hacia el conocimiento del arte en general.

El problema con los intentos de acercamiento del "arte culto" a las escuelas y a las poblaciones marginadas, es que terminan siendo una vacuna contra el mismo. La visita a obras de teatro, danza y música que no entienden, llega a sentirse como una imposición, y la nula interacción del público le hace sentir un espectador pasivo y no parte del espectáculo, como sí ocurre en shows del mal llamado "género menor". La no censura del público enriquece la retroalimentación del suceso escénico, otorgándole de la misma forma al ejecutante una experiencia única de crecimiento artístico que buscará repetir en más de una ocasión, pues la cuarta pared nunca es tan generosa como su inexistencia.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Y amén...

"...me cuestionaba la gran responsabilidad que implica ser artista, y sobre todo hacer comedia. La inmediatez, el producto soez, la risa por la risa, la comedia sin contenido, sin discurso, sin provocar más que solo carcajadas burdas en el espectador, se confunde con arte. 

Parece hoy tan sencillo: youtubers con miles o millones de seguidores; la mayoría sin talento, rigor ni disciplina. Audiencias que enarbolan a unos “payasos”... -son strippers, lo cual no tiene nada de malo como trabajo, pero a las cosas se le llama por su nombre y ser payaso del bueno, lleva una técnica, precisión y profesionalización incontable- Estos chavos muestran sus carnes y así en un tris la audiencia comparte y hace famoso al sin talento; la canción de moda que no tiene ningún sentido ni letra y que se vuelve viral en segundos.

Se aplaude, mejor dicho, se “likea” la banalidad, más no lo simple. La simpleza me parece más cercana a la belleza. He visto comedia y teatro deliciosamente simple cargado de un discurso social potente además de ingenio y técnica. 

A veces me siento un anciano amargado al ver teatro, refunfuño si me siento timado. Sin embargo eso me deja claro el tipo de comedia que quiero hacer, el tipo de teatro que -decía Ludwik- deseo militar.

Me niego a hacer simplemente reír, creo en el teatro y el arte como modo de salvación y de cambio, como vehículo de agitación de almas y de pensamientos. 


El teatro inflama sociedades, las dota de poder. Creo en la escena que trasciende al espectador, en la escena que exige y no es permisiva, creo en el rigor y en la sutileza. Creo en el artista que merece el nombre pues usa su técnica, su estudio, su talento y su conocimiento para decantar y hacer ARTE. 


Creer que algún día se dejará de aprender me parece soberbio. Nunca dejamos de crecer y caminar ¿a donde? No sé. El horizonte nunca llegará porque cada que caminamos el horizonte se aleja. Pero para eso es el camino, para andarlo.

Por cierto, vayan y disfruten El bien del país y próximamente La divina ilusión, ambas en el Centro cultural Helénico, sabrán de lo que les hablo. Potentes, hermosas y llenas de profesionalismo y comedia. 


Gracias a los involucrados por hacer comedia, por hacer teatro y por recordarnos lo valioso de hacer teatro, del compromiso de ser artista."

CÉSAR ENRÍQUEZ

miércoles, 7 de febrero de 2018

El reto del burlesque mexicano

Hagamos un poco de historia: el Burlesque es el arte por excelencia del Cabaret.
Antes de existir el cabaret o teatro cabaret como arte escénico, ya existía el burlesque como tal, mientras que el cabaret, era tan sólo el lugar físico donde espectáculos subversivos o transgresores eran representados.

Más pronto que tarde el cabaret fue cobrando vida propia convirtiéndose en un fenómeno fantástico, pero por ahora toca hablar del centro de la escena transgresora: el arte burlesco.
El burlesco teatral tiene su origen en el siglo XIV,  fue hasta el siglo XIX que se hizo popular en Inglaterra como parodia musical, y se convirtió en una forma de entretenimiento de la clase media.

A principios del siglo XX, el burlesque en América se presentó como una mezcla más populista de sátira, performance, music hall y entretenimiento para adultos, con striptease y amplios actos de comedia. 

Este burlesque británico tradicional ahora se conoce como burlesque clásico o burlesque musical y es muy diferente del burlesque moderno, burlesque americano o neo burlesque, que es un género de variedades más centrado  en el striptease

México es el lugar en el ombligo del mundo. Cada vez nos parecemos más a nuestro vecino del norte, aunque abrevamos de la región latinoamericana y un poco menos de la europea.

En primer lugar los iconos femeninos mexicanos están divididos en dos grandes grupos: por un lado está la mujer santa y abnegada, madre y reina, virgen y mártir… y en el lado opuesto tenemos a la tumba hombres, la mujer fatal, la pecadora, el objeto del deseo, la frívola y la interesada.

Bajo esta concepción tan polarizada de nuestra cultura, las ejecutantes de burlesque no pueden sino encajar en el segundo grupo, donde es inconcebible que una mujer valiosa y confiable que pertenezca al primer grupo, tenga la capacidad de mostrar su erotismo públicamente.

En la década de los 40 y 50, con el boom de la cinematografía, una figura destacó de entre todas las películas rancheras, urbanas y melodramáticas que conformaron la llamada Época de Oro: la figura de la rumbera, misma que logró constituir un subgénero en sí mismo: el Cine de Rumberas, haciendo mancuerna con los cómicos de esos años, esas curvilíneas figuras femeninas encarnaron tanto las fantasías sexuales de los hombres, como el anhelo de liberación de las mujeres.

Y es que una mujer hermosa, segura de sí misma y seductora, no es atractiva solamente para el sexo opuesto. Amén de las preferencias homosexuales de algunas mujeres, para quienes también puede resultar excitante; esta figura es la proyección de los más profundos anhelos de toda una sociedad, una sociedad donde las mujeres sueñan con tener poder sobre sí mismas, tener el permiso de decidir sobre la exhibición de su belleza y su sensualidad, decidir qué quieren y qué no quieren, y ser admiradas por ello.

Sin embargo la industria no le hizo justicia, y en muchas de estas películas, la pecadora tenía un castigo, casi nunca salía victoriosa ni vivía feliz, vivía subordinada de algún explotador o mal amante, y en el fondo deseaba casarse, tener hijos o una familia normal, aunque socialmente no era merecedora de ello. El mensaje era claro: insubordinarse al papel de la mujer ideal, tiene su precio.
En las décadas posteriores, hablamos de los años 70s y 80s, el Cine de Ficheras terminó por reducir la liberación sexual femenina a mero objeto del deseo masculino. Eran mujeres cuya presencia escénica estaba fuertemente ligada a la prostitución, los vicios, el crimen o la promiscuidad. Una mujer que se quitaba la ropa en escena era igual de indeseable o peligroso que todo lo anterior.

El término “Cabaretera” fue inmortalizado en canciones como sinónimo de aventurera, traicionera, vendedora de amor o prostituta. En México una burlesquera es, pues, una Mujer de Cabaret, una meretriz sin derecho a nada, alguien que es tan mujer, pero tan mujer, que vale doblemente menos que una mujer promedio.

Con el paso de los años el lugar en el ombligo del mundo comenzó a importar fórmulas de entretenimiento erótico como el pole dance y el table dance, modernizándose el término por “teibolera”, pues los cabarets tradicionales casi habían desaparecido y los pocos que había ya no ofrecían espectáculos meramente eróticos, sino más bien se habían decantado hacia la sátira política de la carpa y las poco exploradas formas del teatro social.

En este contexto surge en México, iniciados los años 2000, una nueva oleada de cabareteras y cabareteros que buscan rescatar la tradición burlesquera americana, explorando nuevas formas de ejecutar el arte del striptease y lo más importante: hacer política del cuerpo.

Si bien siempre ha habido en la escena underground del país, sobre todo en la Ciudad de México, artistas y performers que han utilizado el desnudo como medio de expresión de ideas, es apenas en esta época, cuando han surgido diversos grupos que buscan usar el neoburlesque o burlesque americano, como su forma exclusiva de expresión, basando sus espectáculos en el poder del erotismo y del striptease.

Actualmente nuestro burlesque está muy diversificado, pues podemos hallar influencias de otras corrientes culturales como el gótico, el belly dance, el drag queen, el bufón, el circo; y sociales como el activismo feminista más recalcitrante. 

De ahí que el burlesque mexicano se enfrente a varios retos cruciales para consolidarse como un medio de expresión poderoso tanto artística como socialmente. Desde mi experiencia como ejecutante y directora de espectáculos de este tipo, considero que el más importante de todos, es la solidez del discurso.

Lo envidiable del arte comercial, es que tiene objetivos claros, su discurso es contundente: quiero entretenerte, quiero erotizarte, quiero enajenarte, quiero venderte algo, y echo mano de todo lo que sé, para lograr mi objetivo.

Pero, ¿cuáles son los objetivos del cabaret, y del burlesque específicamente? La falta de claridad en este sentido, es lo que sigue manteniendo al burlesque en el terreno de lo experimental.

He sido testigo presencial y activo del nacimiento y consolidación de artes alternativas como el performance, el teatro cabaret y el stand up comedy, por mencionar los más significativos. Otros como el graffiti o el spoken word han pasado de ser arte callejero, a tener una fuerte presencia en la vida cultural de nuestro país, pero el burlesque sigue enfrentando pruebas que no está siendo capaz de superar.

En mi opinión, la más importante de ellas deriva de la crisis actual del feminismo, una crisis de tipo conceptual en donde nadie logra ponerse de acuerdo, y en donde seguimos arrastrando los lastres de una educación machista y un sistema que favorece la competencia malsana entre mujeres. Se critica lo puritano, lo poco atrevido, lo panfletero, lo descarado o lo vulgar, con el mismo rigor y la misma saña. Pero no sólo es eso, pues los hombres también hacen burlesque –o boylesque, como es mejor conocido- y tampoco hay un conocimiento amplio ni una mente abierta para entender la diversidad sexual, siendo que cada vez hay más elementos para repensar lo femenino, lo masculino, lo trans…

De ahí que el burlesque mexicano carezca de una identidad sólida donde prevalezca la solidaridad, y donde exista un respeto a la amplia gama de expresiones del desnudo como herramienta ya sea comunicativa, de provocación política, de exaltación de la belleza, de exaltación de lo grotesco o de lo erótico sin que se busque que una sea mejor que la otra. Por ejemplo: Hay quienes defienden el derecho a que los cuerpos curvys hagan burlesque, hay quienes distinguen un cuerpo curvy de un cuerpo obeso y deciden no exhibirse hasta estar saludables, hay quienes exhiben un cuerpo obeso, y todas, y todos, tienen su espacio y debe ser respetado. Hay quienes prefieren el glamour, otros el low cost de buen gusto, otros exploran el estilo decadente, y aun así, tienen derecho a hacerlo aunque pueda gustarnos uno sí, y el otro no.

Si bien la búsqueda de un gremio unificado suena ambicioso en el contexto nacional, dado el corto recorrido del neoburlesque como tal en la escena mexicana, sí es importante avanzar hacia ello, y la solidez nos la va a dar el tener una definición concreta de los objetivos de cada espectáculo, reflejándolo en todos y cada uno de los detalles que lo conforman: desde la selección adecuada de la música, el vestuario, la coreografía y hasta el tipo de cuerpos que van a ser mostrados en cada acto.
Al ser un espectáculo mayormente visual, es ahí, en la estética del número, donde se define si el discurso es feminista, artístico, poético, político o frívolo. Y debe haber lugar para todo.

Aún hay un camino largo por recorrer en la exploración de este arte que probablemente esté demostrando ser obsoleto en esta sociedad cambiante, cada vez más abierta a la sexualidad y menos impresionable ante el desnudo, aunque también pudiera ayudarnos a construir otros caminos que den nuevos significados a nuestro entender la filosofía del cuerpo humano.


viernes, 26 de enero de 2018

Pedagogías Teatrales PARTE 1

Comienzo el tema diciendo que todo ser humano está en este plano para aprender algo. Somos una especie que cuenta con la capacidad de interpretar, traducir y crear una gran variedad de lenguajes, y para ello echamos mano de todo nuestro cuerpo, de toda nuestra psique y de todo nuestro universo inconsciente.

De hecho, se dice que el 80% de todo lo que comunicamos la mayoría de las personas, lo hacemos todo el tiempo a través del lenguaje no verbal, ese que es tan sutil, que apenas si lo percibimos en una mirada, un suspiro, un movimiento, o en expresiones tan superficiales y a la vez tan profundas como la forma de arreglarnos… o no arreglarnos.

 Pero cuando uno tiene la intención de educar, instruir, entrenar o simplemente influir en alguien para que conozca y comparta nuestros conocimientos en un terreno en específico, es necesario reparar en el hecho de que estamos comunicando mucho más con aquello que callamos y omitimos, que con aquello que decimos abiertamente.

 En lo personal he tenido una amplia preparación teatral que comenzó en 1993 con muy diversos maestros y maestras, y que no ha terminado ya que soy un ser en formación permanente y me gusta conocer nuevas formas de hacer esto que amo, y que se llama TEATRO.

También he conocido a mucha gente que se han formado como actores y actrices de profesión, y que me han compartido, desde las muy diversas escuelas donde han estudiado, sus experiencias con maestros y maestras de muy diversa índole.

Yo estudié Ciencias de la Educación, lo que cotidianamente se le conoce como Pedagogía, y a pesar de que casi todos los docentes que han tenido la generosidad de compartir sus conocimientos teatrales conmigo, han sido grandes personas y/o grandes talentos, la verdad es que no siempre han sido los grandes maestros…

 Aclaro que en esta vida, todos somos maestros de todos, así que uso la palabra maestros no como adjetivo calificativo, sino netamente como habilidad nata o aprendida, pues en este terreno muchos han quedado a deber bastante en sus cursos, talleres, seminarios, diplomados, conferencias, y otros formatos académicos que se usan como herramientas de educación.

 Para empezar intentaré englobar las pedagogías teatrales en una categorización propia, partiendo de la intencionalidad del docente para con sus estudiantes, mientras distinguimos los verbos que vuelven maestro al maestro.

EDUCACIÓN O CRIANZA
Es el proceso de adquisición de saberes empíricos y reflexivos desde la infancia. Nunca termina. 

El docente de teatro que pretende darle educación o crianza en el terreno de la escena a sus estudiantes, se ocupa de que éstos obtengan el conocimiento a través de la experiencia, pero además les guía en el proceso reflexivo y les incita a continuar empapándose de experiencias personales, así como a documentarse y teorizar. Un maestro de esta índole es alguien que respeta tu proceso individual, tu estilo de aprendizaje y tus características más personales para ayudarte a ser actor o actriz.


FORMACIÓN
Proceso profundo de desarrollo humano que puede incluir ámbitos intelectual, emocional, físico y espiritual.


El docente de teatro que pretende darte formación teatral, se ocupa de fomentar en ti el gusto por desarrollar todas las herramientas que han de serte útiles para tu vida en el teatro: es alguien que no sólo tiene a bien acercarte los elementos teóricos, sino que además, puede preocuparse por que aprendas a alimentarte, a ejercitarte, a cuidar tu cuerpo y tus emociones para vincularlas sanamente con tu desarrollo interpretativo. Es alguien que considera que no se puede ser un gran actor si no se es una gran persona.


INDUCCIÓN  
Proceso para persuadir a una persona para que se realice lo que se requiere de ella


El docente de teatro cuya finalidad sea inducirte a un ámbito en específico, va a seleccionar para ti todas las experiencias, referencias y ambientes que te hagan ser parte de un círculo en especial. Hablo de los docentes que trabajan para empresas que después necesitarán reclutarte como su talento exclusivo, de ahí, que su labor principal sea mostrarte un estilo de actuación y de imagen predominante, así como acercarte a un modo de vida con reglas muy definidas y hasta cerradas. Esto incluye un proceso de inserción, es decir, incluirte en un entorno pre estructurado con la finalidad de que te sientas parte del mismo. La estrategia más fuerte consiste en darte una identidad que puede tener que ver con una visión del mundo muy particular.

Contrario a lo que pudieras estar pensando, no sólo se da este tipo de pedagogía teatral en las grandes televisoras o compañías comerciales, sino también a veces en compañías más pequeñas o con personalidades que desean hacer escuela y marcar un estilo para que todo el mundo te reconozca como “alumno o exalumno de…”, eso les ayuda a fortalecer su nombre y su prestigio. A esto, más que inducción, y por más feo que se escuche, se le conoce como amaestrar, lo cual no significa que te hagas maestro en algo, sino que lo pienses y lo hagas tal y como lo dice el maestro o maestra.

ENSEÑANZA-APRENDIZAJE 
Proceso inseparable que se da entre individuos, no puede haber uno sin el otro. 

El docente de teatro que va por el proceso de enseñanza-aprendizaje, no siempre es bien intencionado. Me ha tocado muchas veces que los talleres sólo se hacen para que el docente robe ideas de sus estudiantes, para aprender más de lo que enseña, para “hacer como que” da clases, escudándose en el hecho de que “todos aprendemos de todos”. Si bien es cierto que hay veces que los docentes, al estar más preparados en el tema que impartimos, enriquecemos nuestros saberes con las aportaciones que dan los estudiantes, hay que estar dispuestos a dar lo mismo, preparar los temas y las actividades, y no sólo llegar a charlar o a seducir con sólo la personalidad. Cuidado con quienes van haciendo talleres y dando clases basados únicamente en el proceso natural de la Enseñanza/Aprendizaje, seguramente te está tomando el pelo.


 INSTRUCCIÓN o CAPACITACIÓN 


Transferir conocimientos específicos sobre un área en particular. 


Hay docentes de teatro que están especializados en una sola materia, por lo que, lo mínimo que podemos esperar de ellos, es que sean buenos instructores de aquella rama que imparten. Por ejemplo, hay instructores de locución, de acrobacia, de combate escénico, de manejo de cámaras; instructores de pantomima, de baile, y hasta de modelaje o imagen pública. De todos ellos esperamos que dominen el área, que aclaren dudas, que tengan múltiples métodos, y que sean creativos, y que no confundan transferir conocimientos con adoctrinar. Un instructor es como aquél que te enseña a manejar una máquina que vas a ocupar en el trabajo, nada más. ¿Hay instructores que a la vez son formadores o educadores más completos? Los hay, pero se agradece que no sólo pretendan serlo.

 ENTRENAMIENTO O ADIESTRAMIENTO
 Exposición continua a la práctica de habilidades y destrezas. Perfeccionamiento de los conocimientos adquiridos. 

No hay capacitación que esté completa sin el entrenamiento o adiestramiento personal. Esto puede ser con ayuda del capacitador/a o del instructor/a, pero también puede ser autodidacta. En la segunda parte de este post haré un repaso por los diferentes tipos de personalidades que caracterizan a un docente teatral.

sábado, 25 de noviembre de 2017

¿Coco o El Libro de la Vida?

Hace tres años descubrí la que sería por mucho, mi película de animación favorita de todos los tiempos: El libro de la Vida (Reel FX Creative Studios, 2014). Acudí tres veces a los cines para seguir recreando mis pupilas, mi emoción y mi intelecto en esa bella película que dejó en mí huellas muy difíciles de borrar.

Este año, en su semana de estreno, pagué la experiencia 4D para la película Coco (Disney Pixar, 2017), y aunque me sacudí física y emocionalmente, no hubo nada que dejara permanente en mí.

Cabe señalar que a ambas funciones acudí con las menores expectativas, me negué a ver avances, entrevistas promocionales y otras cosas que no fueran única y exclusivamente el tráiler. Esto es porque toda la publicidad afecta mucho la forma en que uno se acerca a un filme, y siendo el Día de los Muertos la única festividad tradicional de mi tierra que sigo y respeto, quería llegar al cine desnuda de bombardeos mediáticos, y creo que lo logré.

¿Qué cosas hay en ambas películas que definieron no sólo mi inclinación definitiva hacia El Libro de la Vida y mi rechazo categórico hacia Coco? Aquí los puntos clave:

I. LOS PERSONAJES

En El Libro...la historia gira alrededor de tres niños que representan el machismo, el feminismo y las nuevas masculinidades. Joaquín es un niño que desde pequeño juega a  ser un macho bigotón, María juega con sus dos compañeros en condiciones iguales, no hay juegos de niños o de niñas, y Manolo sólo quiere tener la oportunidad de mostrar sus sentimientos a través de la música. Con esto, la película se vuelve la clara lucha de estos tres personajes contra el sistema establecido, arcaico y obsoleto, donde Joaquín es elevado a la categoría de héroe por su elección, mientras María es enviada a estudiar con las monjas para frenar su ímpetu y Manolo es obligado a seguir la tradición familiar que le exige mostrar valentía.

En Coco, vemos la historia de un niño con inclinaciones musicales que vive en una familia tan, pero tan rencorosa, que decidió erradicar la música de su vida sólo porque un hombre con ese oficio, supuestamente abandonó a su familia. Así, Miguel debe enfrentarse al odio irracional y hasta caricaturesco de sus parientes, lo cual hace parecer a los personajes más flojos en su construcción psicológica. En el filme se ve retratada además, la constitución familiar mexicana por excelencia: cuando no es una matriarca que educa con 'la chancla', normalizando la violencia como forma de ganarse el respeto; vemos también a la familia donde el padre es el que habla, mientras la madre, callada y embarazada, nunca opina, sólo refuerza la postura del esposo.

En El Libro..., el Mundo de los Muertos está custodiado por dos personajes que viven a caballo entre la dimensión de los vivos y el más allá: Xibalba y La Catrina. Al ver tales referencias uno se vuelve loco de la emoción: por un lado el villano es Xib'alb'á, que entre los mayas era el Inframundo, regido por la enfermedad y la muerte, equiparado muchas veces con el Infierno cristiano; y por otro, La Catrina es la figura amable de la Muerte, aquella a la que escribimos poemas graciosos en su día, llamados "calaveritas", la calavera de azúcar, la Madre Matiana, la Flaca, la Huesuda, aquella a la que se ve con cariño y respeto porque tarde o temprano a todos nos lleva.

En Coco, el Mundo de los Muertos está custodiado por una aduana que decide quién sale y quién entra. Una frontera llena de trabajadores burócratas que tiene todo excesivamente controlado.

En El Libro... la historia sale de un cuento contado directamente a unos niños gringos para mostrarles (como dice textualmente uno de los personajes) "la gloriosa belleza de México". Todo el tiempo sabemos que se nos está contando un cuento, como en el teatro épico de Brecht: la distancia emocional te da espacio abierto a la provocación intelectual.

En Coco, la historia viene de la vida cotidiana del niño, presentada como todas las historias Disney: apelando a la empatía que se crea con el personaje principal, metiéndonos en la historia para que nos acerquemos emocionalmente, anulando la reflexión o peor aún: imponiendo el mensaje. No hay punto de comparación.

II. LA MÚSICA

En El Libro... la música deja huellas. Desde el primer momento sabes que esa música se queda en ti porque ya la conoces (Versiones de Do ya think i'm sexy de Rod Stewart, Can't help falling in love de Elvis Presley y Creep de Radiohead) o porque es original, pero es tan bella, que ya la amas. Escuchar por primera vez la voz cantada de Diego Luna es realmente entrañable, está tan bien dirigido que logró imprimir no sólo la entonación correcta, sino la emotividad adecuada para transmitir lo que las escenas requieren.

Además el soundtrack original tiene a La Santa Cecilia como banda base: de lo mejorcito que hay en conceptos musicales que mezclan tradición mexicana y sonidos contemporáneos.

Recuerdo haber llorado toda la película, incluso mientras reía, en cada una de las canciones. Actualmente "The Apology song" y "I love you too much" tanto en inglés como en español son parte del soundtrack de mi vida, las traigo en mi celular y no me las brinco cuando aparecen.

En Coco (y aquí voy a coincidir con Kazbam, cuya reseña vale la pena leer), el niño que presta su voz a Miguel no es nada carismático. Para empezar, es un cantante salido del concurso La Voz Kids, un programa que sólo he tenido que ver por razones documentales, pero que no vería por placer ni de chiste. Un programa donde los talentos infantiles son convertidos en productos comerciales de ínfima calidad, y donde por regla general se crean mentalidades dirigidas más a la búsqueda de popularidad que al desarrollo del arte musical. Sus canciones en la película no son más que eso: productos comerciales que si las pones diez veces, por supuesto que son pegadizas y a la postre te van a significar algo, pero nada, nada más. "Recuérdame" sólo es memorable por el peso que tiene en la historia y porque en el OST la canta Carlos Rivera, un artista mexicano que tiene todo mi respeto, ya que a pesar de salir también de un concurso (La Academia, ganador de la 3a Generación), se ha ido posicionando no sólo como un baladista que vende discos, sino como una estrella del teatro musical, siendo protagonista de El Rey León tanto en España como en México. Fuera de eso, las canciones pasan sin pena ni gloria.

III. LA ANIMACIÓN

En El Libro... se usaron varios estilos de animación, destacando los seres vivos de los seres del más allá, así como los seres protagonistas del cuento. La estética de estos últimos es la de muñecos de madera tradicionales, y la belleza de los detalles es imposible de apreciar a simple vista. Hacen falta más oteadas a la película para lograr distinguir todos y cada uno. Las referencias a la cultura mexicana son sutiles e infinitas. Una de las cosas que más me gustó fue el diseño de los villanos de la historia: El Chacal y sus bandoleros que azotan al pueblo, tienen la apariencia de los dibujos del monero Magú, lo cual constituye una sátira política en sí misma.

En Coco, la animación está muy bien hecha técnicamente, lo cual puede llegar a emocionar en partes como los close up al rostro y las manos de abuela Coco, personaje en el que invirtieron tiempo, dinero y esfuerzo, al ser el pretexto ideal para hacernos llorar a todos los que hemos tenido o conocido a una abuelita como ella.

Fuera de la belleza gráfica de la película en general, la cual al conocer la calidad del trabajo en Pixar, no podía ser menos; puedo decir que no hubo nada que me emocionara particularmente en ese sentido, salvo, quizás, el puente de pétalos, que podía transmitir tanto miedo como excitación al mismo tiempo.

IV. EL CONTEXTO Y LAS REFERENCIAS

El Libro de la Vida está lleno de ingeniosas referencias a nuestra cultura. Para empezar se sitúa en San Ángel (un pueblo ficticio, aunque en realidad sí existe un pueblo que se llama así) en una época que oscila entre la Revolución Mexicana y El Cine de Oro nacional. Insisto, en todo momento sabemos que estamos en una historia ficticia, lejana en tiempo y cercana en actualidad, lo cual da una sensación de no haber evolucionado como sociedad debido al anquilosamiento de tradiciones decimonónicas incompatibles con el mundo de ahora. Se satiriza a la Iglesia Católica, a la tauromaquia, al machismo, a la ambición de poder, al amor romántico y todo con una inteligencia tan delicada, que en ningún momento se mencionan los términos ni hay panfletos o líneas educativas.

Coco está lleno de obviedades. Parece ser que se esforzaron tanto en apegarse a la cultura mexicana, que al final se fueron por lo más seguro: ahí están los ídolos del cine, los alebrijes, la piel morena, el pueblo mágico, Frida Khalo, la ofrenda... por momentos venían a mi mente los personajes del Chavo del Ocho y los espectáculos de Siempre en Domingo. Supuestamente la historia se da en Santa Cecilia, un pueblo ficticio que a la misma vez puede ser cualquier pueblo de México, en una época actual, ya que aunque la modernidad no se ve expresada en el mundo de los vivos, curiosamente sí se ve en el mundo "de allá", donde hay computadoras, teleféricos y barrios que corresponden al mundo actual, y nada de ello parece ser ajeno o demasiado sorprendente para el niño que viene de un pueblecito provinciano.

Personalmente me da igual si hubo rigor histórico en las tradiciones, ya que soy totalmente antitradición, pues lo que celebro de ese día es el fondo más que la forma. En ese sentido, lo más importante a comparar es:

V. LA IDEOLOGÍA

El Libro de la Vida nos muestra cómo los seres que llamamos dioses nos ven como muñecos de madera sobre los que libran apuestas y juegan a su capricho, materializándose incluso ante nuestros ojos como seres humanos o en situaciones que nos ponen a prueba.

Con esto dejan claro que puede haber un más allá gobernado por seres de otra dimensión que no siempre son benevolentes, y que ya sea en este mundo o en otro, quienes seguimos decidiendo nuestros destinos, somos nosotros: con, sin, y a pesar de las voluntades de los dioses.

Xibalba se divierte con los humanos y se alimenta de sus pesares. La Catrina es una imagen más maternal y ve a los humanos con ternura y admiración. Finalmente somos predecibles para ellos: uno conoce lo manipulables que podemos ser, otra conoce la grandeza de la que somos capaces. Uno gobierna la Tierra de los Olvidados, premisa que parece repetirse en Coco, donde quien es olvidado, desaparece definitivamente. Otra gobierna la Tierra de los Recordados, y ninguno de ellos condiciona el poner una foto en la ofrenda para morir definitivamente, como en Coco. Todo tiene que ver con la memoria y el cariño, entes abstractos que son más poderosos que un símbolo común semejante a un trámite de ciudadanía.

En Coco está Dante, el xoloizcuintle callejero (cosa improbable porque son ¡carísimos!), que en teoría debería ser el guía y guardián de Miguel hacia el Inframundo (que ni es infra... porque va de subida a través del puente de pétalos de cempasúchitl), pero que al final queda relegado a simple perro faldero porque ni él mismo sabe a lo que va. También está el espíritu poderoso del gato de la casa (cosa que descubrimos al final), y que es el guardián de toda la familia, personalizado en majestuoso alebrije. Esa inclusión de los animales me encantó, aunque en El Libro también se le hacen honores al reino animal, tornándose antitaurina por consecuencia natural de poner al torero como símbolo incuestionable de valentía machista.

En El Libro de la Vida el más allá es un lugar donde todos son felices, viven con los suyos, nadie está solo, nadie tiene más que nadie, todo es abundancia y alegría. Sólo hay un espacio en donde tienen lugar la angustia y el miedo, que es cuando Xibalba gobierna haciendo trampa, la Tierra de los Recordados. En la Tierra de los Olvidados sólo está la nada, no hay términos medios.

En Coco no dan ganas de morirse, la verdad: todo es igualito a la tierra de los vivos. El Más Allá es capitalista: hay vagabundos y millonarios, hay cadeneros que no te dejan entrar a cenas exclusivas, hay egos inflados, concursos de talentos, burócratas amargados y señoras resentidas con el marido que reclaman en las oficinas de gobierno. Hay policías y prófugos de la justicia, hay engaños y triquiñuelas, hay ídolos de masas y por ende, público fanático. Hay mansiones y barrios olvidados. Hay premisa de cuento de hadas: pasado un tiempo se acaba el hechizo y ya te amolaste, o sea que la prisa por luchar contra el reloj también existe después de la muerte. Más que un niño que cruza la frontera entre los vivos y los muertos, parece un niño que migra de México a Estados Unidos. No me gustó nadita.

La primera peli te dice: "Tú eres el dueño de tu propio destino, ninguna tradición familiar o roles sociales te pueden decir lo que tienes que hacer, y menos si va en contra de lo que en verdad dicta tu corazón. No hay nadie que sea tan poderoso que no pueda ser vencido a través de la verdad, el amor, o la unión del pueblo por un interés común."

La segunda peli te dice: "Vayas donde vayas no te vas a librar de los malvados, el sistema es el mismo aquí y allá, persigue tus sueños por egoístas que estos sean, pero siempre vuelve a la familia y a tus tradiciones, porque en ellos está la respuesta a todo, sin ellos no eres nada."

VI. LA CONCLUSIÓN

El Libro de la Vida es una obra de arte maravillosa. Cuenta con Guillermo del Toro como parte de la producción y con Diego Luna, Plácido Domingo, Sandra Echeverría y Kate del Castillo en las voces (el trabajo de esta última es lo único que no me gusta de la película, aunque el desagrado es menor.) ¿Lloré? Como Magdalena, las tres veces que la vi en cine, de alegría, de emoción, no de tristeza. ¿Caí en la tentación del merchandising? No, no compré nada, y sin embargo sigue siendo mi película animada predilecta.

Coco es una película más de Disney, muy oportuna en su promoción dado el actual gobierno racista de Trump y el pasado terremoto en la Ciudad de México, pero que como siempre, apuesta más a la emoción de los espectadores, que a la inteligencia. Por eso es más popular. Cuenta con las voces de Angélica Vale, Marco Antonio Solís El Buki, Jaime López (que dobla igual a todos sus personajes) y Gael García Bernal (quien hace el único personaje humano entrañable de la historia).

¿Lloré? Sí, cuando se muere el vagabundo por ser olvidado, cuando pienso que Dante se muere al convertirse en alebrije (lo cual sigo sin entender) y cuando abuelita Coco recuerda a su padre, era obvio. Rescato por supuesto la parte visual, Pixar son expertos en imprimir ternura y realismo a sus dibujos. Rescato también el giro que da la historia de los padres de Miguel, aunque media película el niño se ve apantallado por la riqueza y fama de Ernesto de la Cruz, además de influenciado por su materialista y maquiavélica idea del éxito. ¿Caí en el merchandising? Sí. Incluso antes de ver la película compré una playera cuyo estampado brilla en la oscuridad, y no me arrepiento, está linda.

No puedo dejar de resaltar finalmente, lo duro que se le ha pegado a Frida Khalo, quien ha de estarse revolcando en su tumba porque lo que ha trascendido de su vida y su obra, son su codependencia amorosa con Diego y sus cuadros autorreferentes con mala técnica. En cambio su singularidad femenina, su libertad sexual y su marcaje de tendencia en la moda, avanzados y muy criticados en su época, así como su militancia comunista, son ridiculizadas, minimizadas y a fin de cuentas reducidas a cenizas al convertirse en un objeto de consumo capitalista y símbolo del egocentrismo. No creo que haya sido la forma en la que hubiese querido volverse inmortal, da tristeza en verdad, como da tristeza el destino de ambas películas.

La película de Coco constituye un homenaje a nuestras tradiciones y la normalización del sistema dada la posibilidad de que permanezca funcionando incluso en otras dimensiones.

El Libro de la Vida es un cuestionamiento a nuestras tradiciones y la provocación a buscar la armonía y la unión para derrotar o desenmascarar al abusivo.

El Libro de la Vida pasó a formar parte del catálogo de películas para niños. Coco se ha convertido en la película animada más vista de todos los tiempos.

sábado, 12 de agosto de 2017

Hartazgo

"¡No soporto el humor barato!
No es corrección política, se llama hartazgo. No soporto ya el humor que agrede y que lastima. Personalmente he trabajado en ello en cada nuevo espectáculo que hago y lo obtenido como artista y ser humano me ha cambiado en muchos sentidos, se ha vuelto una forma de vida.

Pero me sigo preguntando: ¿Cuál es el poder que da insultar al otrx? ¿Qué sienten? Una superioridad inmediata imagino, una ventaja; pero que vacía es esa comedia.  Es común en el cabaret, en el bar gay y obvio la "comedia" televisiva de basura; (Guerra de chistes, Adal Ramones por decir algunos, donde  la misoginia es la mierda hecha "chiste") Lo mismo me sucede al escuchar humoristas que acostumbran denostar al de enfrente. Las que critican y se ríen de la audiencia diciéndoles feas, pobres, gordas, jotas, flacas, pendejas, etc. Eso del argot cabaretero les "permite" a muchxs esas licencias. Licencias arcaicas, licencias pobres...

El humor ya recurre a nuevas alternativas. Aún cuando el personaje te permita ser una clasista hija de la chingada, no puedes ofender a tu público y a tu compañero de escena. Es una labor ardua, pensante, inteligente. Recurrir al insulto, la misoginia, la homofobia, el machismo es ya ridiculo, es barato.

El humor es el arma más eficaz contra el poder decía el maestro Fo.
Si quieren hacer humor con contenido: Jode al poder, jode al que jode.
Lo contrario es ser canalla.
No es corrección política es hartazgo."

CÉSAR ENRÍQUEZ

martes, 8 de agosto de 2017

Paquita: las mentiras mal contadas

El pasado viernes 4 de agosto terminaron las transmisiones de la teleserie que intentó traer al público la biografía autorizada de Paquita la del Barrio: nuestra Paca, ese entrañable personaje de lo último que tuvimos de verdadero cabaret en esta Ciudad de México. Un cabaret que ya no existe y que se extraña, aunque muchos digan que qué bueno porque el ambiente nocturno ha evolucionado.

Debo confesar que desde el primer capítulo intentaba hacer de todo para no perdérmela. Entre tareas y quehaceres nocturnos, siempre estaba encendida la tele para echarle  aunque fuera un vistazo. La vida novelada de la cantante trajo el calor de hogar y unió a mi familia alrededor de la pantalla como hacía mucho tiempo no sucedía.

Mi abuela creció en Alto Lucero, Veracruz, ciudad de la que es oriunda Francisca Viveros, la protagonista de esta historia; así que, contrario a lo que algunas personas dijeron en su crítica, la forma de hablar de los personajes sí tenía que ver con el léxico jarocho, y la actriz que dio vida a Paquita de niña era un verdadero encanto. La dirección y la ambientación de los primeros capítulos, en un pueblito veracruzano, contaba con cierto aire de nostalgia por un México perdido, que todavía conservó hasta cierto punto en la capital, en los capítulos donde Paquita (en ese entonces llamada de cariño "Chica") se muda a probar suerte como cantante luego de su primer rompimiento amoroso.

Desde el primer momento se dio un duelo de actuaciones entre Paloma Woolrich como la insufrible abuela de Chica, y Andrés Pardavé, el dulce abuelo veterano de la Revolución Mexicana para quien su familia es un pelotón y la vida es eternamente una batalla.

Fue agradable ver en pantalla a Marissa Saavedra, a quien tuve oportunidad de entrevistar y de ver haciendo cabaret hace algunos años. Todo iba pintando bien: con su papel de la sumisa y abnegada madre de la cantante, podemos entender el contraste de experiencias que rodearon a nuestra Paca desde muy temprana edad. Marcia Coutiño encarnó a la aguerrida tía solterona, quien contrario al personaje de Marissa, lucha por lo que quiere y aconseja a su sobrina a que haga lo mismo. Estos cuatro personajes conservaron su esencia y su encanto de principio a fin, magníficas actuaciones.

Por otro lado los personajes de los niños compañeros de toda la vida de Francisca se definieron igual desde el principio: Clara y Camilo son la villana y el amor platónico de Paquita, personajes enteramente ficticios que sirvieron para proteger las verdaderas identidades de quienes tuvieran esos papeles en la vida real de la intérprete.

Él, Erick Chapa, aburrido, patético y acartonado, ella, Gloria Stalina, magnífica como la intrigosa enemiga disfrazada de amiga. Hermosa, sexy, todo lo que le ponían le lucía estupendo. Debo confesar que me di un enorme taco de ojo con sus vestuarios de pin up y de vedette. Los vestuaristas se dieron vuelo con ella, y viendo sus fotos de antes, nunca se vio tan guapa como con el look de femme fatale al que además hizo los honores con su apasionada entrega actoral.

Extrañaba amar a una villana, reírme con ella de sus maldades, pero es que nos lo pusieron muy fácil, de a peso: el zonzo de Camilo primero anduvo con otra mientras la Paca moría por él, y al final le dieron un giro queriéndonos hacer creer que siempre estuvo enamorado de la gordis, cuando ni química había con la estrella... ¡Ah! ¡La estrella! Entramos al tema escabroso: Andrea Ortega Lee..., sí la famosa "Manchita", con quien compartí escenario alguna vez allá en los años de gloria del Push up Comedy, pudiendo ser testigo de su época donde apenas se estaba lanzando al micrófono abierto de la escena estandopera.

No es mi comediante favorita pero tampoco es nada personal, de verdad ni la odio ni nada, pero Andrea Ortega NO ES actriz. Es una chica muy bella y tiene cierto carisma, pero seamos justos ¡NO ES ACTRIZ! Y ya la vimos protagonizando una película sólo por ser 'gordita', y ya la vimos en la serie no autorizada sobre la vida de Jenny Rivera, y ahora con un papel protagónico CARACTERIZADA como Paquita la del Barrio. Ni en broma me atrevería a decir que ACTUANDO.

Perdón, perdón... pero así hasta gusto daba que el personaje de Clara le diera donde más le duele.

La Paquita que nos retrataron dista mucho de ser la verdadera Francisca Viveros Barradas de la vida real. Nos dibujaron a una mujer resentida contra los hombres (quizá para que tuviera congruencia con lo que canta, pero no se vale), casi justificaron el proceder de su segundo esposo, un modelo muy guapo y simpaticón a quien poco a poco se le fue descarando el acento argentino.

Se diría que casi nos dijeron con una doble moral magistralmente armada, que la Paca tuvo la culpa de sus desgracias, pero que igual debemos quererla. Nos pusieron a una tipa envalentonada y berrinchuda, de difícil trato, una mujer que en lugar de madurar con los golpes de la vida, se hizo una niña malcriada y grosera... y es que no, no es así, ¡¡MANCHITA la actuó así!! (gracias a los libretos llenos de pataletas y peleas corrientes).

Y lo siento, pero aunque cualquier tonito ñero en la voz es fastidioso, si hay algo que me parece de plano insoportable es el tonito con 'papa en la boca' que no se quitan ni para dormir... ya saben, 'tonito fresa', 'de buena alcurnia' o como quieran llamarle. A mi Mancha le estorbaba la papa, ¡por amor de Dios!

Lo siento mucho, pero le quedó de plano grande el traje a la pequeña Andrea.

He tenido la fortuna de ver a la señora Paquita en vivo. Jamás se mete con el público de forma irrespetuosa, guarda su distancia y se concentra en SENTIR LO QUE CANTA, que es lo que al final de cuentas transmite y hasta le hace llorar constantemente en el escenario.

No es que esté amargada, no es que no quiera a los hombres, es que ha tomado la valentísima decisión de entregar sus sentimientos al público: recordar, volver a vivir, abrir la herida cada vez que interpreta, llorar, conectarse consigo misma y con lo más íntimo de su vida para regalárnoslo. ¿Y qué hace el público? Su público verdadero la aclama, lo recibe y agradece.

El público de los medios masivos se burla, no comprende "por qué no ha superado esos amores", le critica la imagen, la ve como objeto curioso o cuestiona sus letras tachándolas de "hembristas, feminazis y misándricas" cuando ella no es quien las escribe, lo hacen varios compositores, en especial uno que en la serie fue horrendamente representado por Chiquidrácula... que diga, Carlos Espejel (insuperable de horrible).

Desde hace muchos años estas letras le crearon ese personaje que ahora trae puesto y que es quien verdaderamente la hace sufrir. Paquita vive atada a la farándula morbosa que como carroñeros le pide que declare sobre temas polémicos. Recordemos su desafortunado comentario por el que la comunidad gay se divorció de ella: "prefiero que se mueran y no esa vida para las criaturas". Seguro estaba pensando en violadores, señores, no en una pareja gay de hábitos honorables.

¿Dónde está la comprensión, el amor y la tolerancia que tanto exige la comunidad? ¿Dónde está la inteligencia de la que se jactan? Porque Paquita es una señora de edad avanzada, sin estudios, ignorante de muchos temas de actualidad. Ella está metida sin querer en un mundo que la absorbió, ella no debe contestar lo que todo el mundo quiere oír porque simplemente no se le da la gana, porque está hasta el copete de preguntas banales y de que sus interlocutores reporteros siempre vayan hacia los mismos asuntos. Ya pidió disculpas, ya entendió el error, ya su serie incluyó a un personaje trans que es de-li-cio-so, encarnado por Alejandro de Marino. ¿Qué más quieren? Total, si se les hace muy naca o de plano nunca les ha gustado, que no les guste.

Paquita es y sigue siendo en el fondo una mujer pueblerina que concierto tras concierto revive la miseria de ser oprimida, y con dolor más que con odio, les canta a los machos y a veces las letras que le componen, van más allá del sarcasmo o del humor negro, pero escucharla y verla en vivo sigue siendo una delicia. Paquita es un pilar viviente del cabaret en México, por eso me da cierta rabia que Manchita no haya sido la mejor opción para encarnarla.

Al final, y después de muchas vueltas de tuerca, Paquita: las verdades bien cantadas, terminó convirtiendo la mitad de sus capítulos en una novela barata y complaciente, donde la villana recibe su castigo y los dos palomitos se quedan juntos.

Así no sucede la vida, y esa no es mi Paca, nuestra Paca la del Barrio. Tampoco esa de ahí es su hermana Viola, bien actuada y bien cantada por Sofía Garza (ella sí, no como Andreita, que ni sabía hacer play back de una imitadora barata). La señora Viola se caracteriza en la vida real por ser oportunista, rencorosa y envidiosa de su hermana 'la gorda', pues en más de una ocasión hizo declaraciones muy ardidas hacia quien sí hizo una carrera fructífera en esto. En la serie, pintan una Viola Viveros Barradas muy bella, entregada, solidaria y absolutamente leal a su hermana. Sí, la amamos, el personaje es querido, pero nada que ver con la verdadera relación de las hermanas que en su momento cantaron juntas como Las Golondrinas.

En fin, que para describir a Paca, nadie mejor que Don Monsi, quien fue representado en la serie por un actor que desconozco, pero que es igualito al difunto (por cierto, ese fue un momentazo, tienen que verlo).

"Indiferente a la moda, Paquita deposita en el barrio (la vida popular) su identidad y del barrio extrae su primera clientela, que capta al instante el mensaje de la cantante, en caso de que lo haya: polvo de discos viejos somos, recordar es vivir por primera vez, no hay amor sin desengaño, y, comadre, hágame caso, mejor hallarle chiste a la pobreza porque de allí ya no salimos. 

Y el nombre artístico, Paquita, la del barrio, es afortunadísimo, genera confianza y predispone el relajamiento del ánimo. Esta señora que canta pa- drísimo a lo mejor es nuestra vecina, es —o podría ser sin problemas— de nuestra familia y si la quieres oír vete en la noche al restorán aquí cerquita. Una cantante popular (como antes) en un sitio popular (como antes) en un barrio popular (como antes) es llamado inevitable de atención para cazadores de originalidad en la ciudad que se americaniza. 

Los intelectuales oyen a Paquita y la recomiendan a los de la televisión; los de la televisión popularizan a la señora francamente inmóvil y de pañuelo en mano, cuyo chiste es la singularidad; la actriz Silvia Pinal contrata a Paquita para el film Modelo antiguo; Televisa la utiliza en la telenovela María Mercedes; la revista Cambio 16 la invita a cantar en uno de sus aniversarios madrileños. Y Paquita, inmodificable, noche tras noche sigue en su lugar”.

Carlos Monsiváis
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