sábado, 23 de septiembre de 2017

En mi idioma

Me voy a permitir hablar en mi propio idioma: un idioma que puedo hablar con muy poca gente, y que espero que pronto más y más personas entiendan y hablen.

¿Han visto últimamente las nubes? ¿Han sentido en el cielo colores y formas hermosos? Desde hace unos meses el cielo había comenzado a cambiar: los atardeceres soleados comenzaron a mostrar estos destellos y tonalidades de gris, azul, blanco y dorado que no recuerdo haber visto nunca.

Siempre he sido una observadora de las nubes... miento. Hubo alguna etapa reciente en que sólo podía caminar viendo al suelo, hasta que mi órgano cardiaco y mi columna vertebral, a más de mi papada llegada a niveles en que es imposible esconderla, hicieron que buscara de nuevo en el cielo señales de no estar sola... y así aparecieron soles y nubes de una magia indescriptible: estelas de seres gigantes de amor cobijando nuestro cielo.

En lugar de apariciones marianas todas las nubes chonchitas me recuerdan a Rose Quartz... y estoy ansiosa esperando la que aparentemente será la última temporada de Steven Universe en donde la guerra se recrudece sólo para finalizar porque los habitantes del Planeta Tierra y de otros mundos al fin entienden -a través de un niño humano- lo que verdaderamente es amar.

Y el fin del mundo tal y como lo conocemos empieza ahora. Y no es una muerte anunciada en diarios de nota roja, sino una profética esperanza que Cerati nos dejó de regalo antes de dejar este plano:

Cuando el cantante yacía en coma en el hospital todo el mundo soñaba: ¿y si de pronto temblara la tierra? ¿y si de pronto se abriera una grieta que sacudiera los Andes y entonces él despertara?

¡Qué ingenuos y bobos llegamos a ser los humanos cuando empezamos a querer creer en lo que no puede ser visto más que por los ojos del alma! Tan ingenuos y bobos, que somos la raza más tierna y noble de este planeta, somos los niños de la galaxia.

Ahora aprendimos que quien nos llamaba con acento argentino era el Amor Universal a través de su voz, esperando que quien hablara fuera Iztaccíhuatl, la Mujer Dormida de Puebla, que pariera, que diera a luz un vórtice de amor de México para el mundo.

No somos los mismos desde el 19 de septiembre de 2017 en que cesaron las contracciones de la tierra... la era está pariendo un corazón, no puede más, se muere de dolor... y hay que acudir corriendo pues se cae el porvenir...y el Amor Infiversal nos canta como en un eco de vidas pasadas: yo caminaré entre las piedras hasta sentir el temblor en mis piernas.

Y antes de esa fecha manifestar el Amor abiertamente nos hacía sentir temor y vergüenza, estábamos sentados en un cráter desierto aguardando el temblor en nuestro cuerpo.... nadie vio partir ese Amor, nadie supo cuándo se fue, pero tampoco nadie lo esperaba.

Había una grieta, pero en el corazón de la tierra, y en nuestros propios corazones... la misma canción lo decía: soy un planeta con desilusión... y mucha.

Pero ese Amor lo sabía, y nos encontró en esas ruinas, y nos hizo énfasis en enfocarnos en lo importante, en no hablar y hablar y hablar... del temblor. El Amor nos ha besado en un buen momento, cuando él nos ha pedido despertarlo. (Ya saben cómo termina la rola: "Déspiertamé...")

Ronronea, mi gatita, ronronea... y haz que sirva este mundo desompuesto. De pronto todo empieza a tener sentido y habla el corazón, y la raza evoluciona, y la oscuridad tiembla despavorida.

He nacido y vivido en esta ciudad de México desde que estoy reencarnada en la que es mi sexta vida en este plano, en el lugar en el ombligo de la luna, vigilados por la luna. La luna nos teme.

Y desde muy chica vivo al pie de la montaña con el centro de las noticias lejos de mi vida cotidiana. Con la civilización alejada de mi pequeña casita refugio vigilada por el cerro del Ajusco (o "el hombre dormido" como suelo llamarlo, ya que asemeja una erección bajo las sábanas).

Esta ubicación me ha permitido mantenerme un tanto alejada del caos citadino, aunque bien lo conozco porque he vivido importantes cosas en varios de los lugares más concurridos de esta amada urbe. Sin embargo el vivir en las orillas, al pie del cerro, me ha permitido ver a mi gente como desde un panóptico: sé todo de ellos pero ellos no saben nada de mí.

Y digo esto sin asomo de superioridad alguna, pero sí con diferente perspectiva. Vivo en otra realidad y aunque varias veces me ha entrado la cosquilla de ir a darme en la madre en la civilización, casi siempre vuelvo herida a casa para sanarme y volver a la batalla.

Sigo aprendiendo lo necesario de la raza humana, mi raza, esa que tiene un corazón de diamante que aún se ve brillar y se vuelve ciega. No quiero tener debates, no quiero tener que hablar y hablar y hablar... del temblor. Ahora sólo me queda ver cómo todos empezamos, ahora sí, a vibrar en la misma frecuencia, a crecer y a dejarnos de todo. A creer por siempre en lo que somos and nothing else matters...

Habrá siempre algo más que hacer. Escuchar, por ejemplo. Observar silentemente hasta sentir dónde puede caer el abrazo que traigo en el centro del pecho, portal abierto de amor eterno.









jueves, 21 de septiembre de 2017

Terapia postraumática

Uno da lo que puede dar. Hay gente que es buena para todo... yo no soy buena para casi nada.
Llevo más de una década sin ver televisión abierta, especialmente noticias, realitys y contenidos morbosos o escandalosos. Como profesional de la educación, me siento obligada a conocer mi entorno, y por recomendación veo algunas cosas para saber qué efectos causan en la población actual, pero nada más.

Personalmente cuido lo que veo y escucho desde que descubrí lo sensible que soy ante el dolor ajeno, y aunque lamentablemente me he acostumbrado a ver cadáveres y trozos de personas expuestos en los diarios, intento bloquear mi mente y le ordeno que niegue que aquéllas cosas de nota roja corresponden a la vida real. Nunca he sido morbosa, odio las conversaciones que tratan sobre asaltos, enfermedades o accidentes. Procuro rodearme de personas cuya charla sea propositiva, amena, educativa o divertida. Poseo, empero un fino humor negro que sólo saco cuando se requiere y con personas de mi entera confianza. Puedo ser muy ácida y provocativa, lo cual contradice mi sensibilidad ante los ojos ajenos.

Adoro las novelas distópicas y sus correspondientes versiones cinematográficas. Desde Aldous Huxley, H.G. Wells, Ray Bradbury, José Saramago, hasta Los Juegos del Hambre y todas las que me mencionen, las he visto y leído. Alguna vez dije, incluso, que esta ciudad necesitaba una sacudida buena para que la gente volviera a sacar lo mejor que tiene, y también me atreví a decir que no me dolería ver todo destruido, que nos lo buscamos, que lo merecemos...

...

El día del sismo del 19 de septiembre de 2017, hace apenas dos días, yo me encontraba en un lugar que renta computadoras con la intención de diseñarle e imprimirle a mi mamá una tarjeta de cumpleaños. Ella cumple años en diciembre, pero justo un año antes, el 19 de septiembre de 2016, ella ingresaba al hospital de urgencias donde permaneció el día y la noche más largos de toda mi vida. Quería agradecerle a la vida por dejar que sobreviviera y conmemorar que se cumple un año de tenerla sana y salva a nuestro lado. Desde ese día logré convencerla de que dejara de tener un trabajo fijo que la estresaba y la mataba lentamente.

La tierra empezó a moverse y mi primera reacción fue correr hacia donde estaba mi madre, a cuatro cuadras, pero el suelo se movía impresionantemente, los autos casi a punto de andar solos, cablerío latigueando sobre nuestras cabezas, gente gritando desde el interior de casas altas, sin señal en el celular, la gente de la Bodega Aurrerá que está a media cuadra, saliendo despavorida y llenando la calle. Microbuses y autos detenidos, el movimiento pasó.

Regresé a pagar el tiempo que llevaba en la computadora, mi archivo se perdió con el apagón y olvidé lo que tenía que decirle en esa carta, simplemente caminé lo más rápido que pude hasta mi casa, en donde ella, diabética e hipertensa, ya se encontraba comiendo un bolillo con la vecina. Contenta al verme llegar (por lo regular salgo directo del trabajo a mi casa, este día llevaba unos treinta minutos de retraso) me abrazó y contuvo el llanto. Mi segunda preocupación era mi hija. Llegué a encender la tele, pero no había electricidad, conecté mis audífonos al celular y sintonicé la radio. Los locutores de Radio Red hablaban de un sismo de 7.1 grados en escala de Richter con epicentro en Puebla y sin daños reportados en la capital del país... pronto las noticias comenzaron a cambiar.

Hace 32 años acá en el Ajusco medio, donde yo vivo, se sintió igual o hasta un poco menos que en este año. Vecinos y parientes acuñamos una frase que serviría de termómetro para futuros eventos sísmicos: "Cuando en el Ajusco se sienta fuerte, es porque ya se cayó la ciudad entera"...y esta vez se cumplió esa profecía.

Para quien no conoce la Ciudad de México, esta fue construida y fundada sobre un lago. Las recientes lluvias torrenciales producto de los huracanes que azotaron el continente en recientes días, hicieron de esta cuenca un caos, debido a la mala planificación de algunos lugares, y a los malos hábitos de higiene de ciertos ciudadanos que tiran basura en las calles. El temblor ahora, curiosamente, dejó un tanto libre el Centro Histórico, que en aquél 1985 destruyó gravemente casas y edificios. Esta vez se dejó sentir hacia el sur, afectando trágicamente a Puebla y Morelos, nuestros estados vecinos.

Aún no nos veíamos repuestos de huracanes y del sismo en Oaxaca y Chiapas, ocurrido días antes, cuando de un momentito a otro nos vemos bombardeados por reportes en la radio sobre edificios colapsados, pánico en las calles, y muy lastimosamente, personas bajo los escombros.

Mi hija trabaja en una escuela ubicada en las Lomas de Chapultepec. Regularmente sale a las 3 de la tarde. La noche anterior había dormido muy mal por una infección en la garganta. Padece de asma, por lo que le sugerí que no fuera al trabajo, ya que tiene riesgo de crisis de tos por exceso de polvo o humo, más cuando tiene alguna obstrucción de las vías como en este caso. Las llamadas no entraban ni salían de casa, no había datos, ni wifi, no salían los whats ni cualquier otro tipo de mensaje. Viví al menos una hora de angustia sacando una radio de pilas para ahorrar la batería del teléfono que ya estaba al 50%. "Se desalojaron varios edificios en Palmas y Reforma, evitar transitar por estas dos avenidas, que son un estacionamiento público, la gente busca salir de la zona y no hay hacia dónde avanzar" "Asaltos a mano armada en Santa Fe, evitar la zona". Curiosamente, ambas vías eran las únicas salidas del trabajo de mi hija, y yo, sin comunicarme.

Mamá decidió ir por el niño que se encarga de recoger en la escuela y cuidarlo hasta que los papás llegan. Yo me quedé en casa con mi gata para esperar recibir noticias de mi hija y preparar la mochila de emergencia que ya tenía elaborada a medias desde el anterior sismo. Empezaron a aparecerme llamadas perdidas de mi hija, más angustia. La vecina de enfrente embarazada, reporta que le duele el vientre. Me siento con ella e intento calmarla, no tiene noticias de su esposo. Nos quedamos las vecinas de abajo, ella y yo escuchando mi radio, en espera de atrapar alguna señal para poder enviar mensajes. Surge la noticia de la escuela colapsada con más de cien niños atrapados bajo escombros. La paranoia crece, se anuncia estar alertas a posibles réplicas, pero conservar la calma. ¡¡Que alguien me explique cómo se hace eso!!

Ups, creo que ya sé. Trato de echar mano de lo aprendido en mi anterior trabajo del hospital, recuerdo todas las lecciones y cursos de Protección Civil ¡¡que yo daba!!, me pongo a revisar paredes y estructura, cerramos las llaves del gas y tratamos de detectar olores sospechosos, seguimos atentas de la radio. Puras hembras: la vecina embarazada, la de abajo con sus dos hijas, yo... mi gata, las gatas y perritas de ellas... sólo faltaban mi madre y mi hija para estar todas juntas, seguras en casa... y el marido de la chica, que trabaja en una zona de Tlalpan, de las más afectadas.

La chica decide ir a ver a la abuelita del marido, a dos cuadras. Yo tomo mi maleta y guardo a mi gata en un bolso grande de tela, salgo a dejar la maleta con mis tíos, en el camino me encuentro a la esposa y la mamá de los dos chicos que trabajan con mi hija. Dicen que van a esperarse hasta la noche para poder regresarse, ofrezco la casa de mi tía que está en Santa Fe para que se queden, ellos necios que prefieren regresar hasta acá. Intercambiamos números, hago un grupo de whats para monitorear su camino. Mi gata no sale nunca de casa, por lo que maúlla asustada dentro de la bolsa. No le basta con tener la cabecita fuera, mete garras, me araña y quiere salirse. Me apresuro y llego a donde está mamá cuidando al niño. No funciona el timbre, casi tiro la puerta a golpes, lo que estresa más a mi gata dentro de mi bolsa. Al fin salen los papás del niño, recién llegando. Me llevo a mi mamá, traigo el baumanómetro para medirle la presión, pero no quiere, prefiere que caminemos a casa. A mitad del camino le da una tos imparable, tenemos que sentarla en una banqueta, mi gata me araña, intenta escaparse, a mi mamá no le cesa la tos, pregunto que si quiere ir con un vecino cerca de ahí a recostarse, me dice que aguanta, se repone y caminamos. Por una tienda nos damos cuenta de que ha regresado el servicio eléctrico. Llegamos a casa. Logro hablar con mi hija por teléfono y me informa que han decidido lanzarse de una vez. Largas horas hasta las 9 de la noche en que llega.

Desde el momento en que regresa la luz, cargamos celulares y radio por si ocurre alguna otra cosa. Los reportes que siguen llegando son devastadores, no me despego de las redes, recibo llamadas de gente que quiere que ayude a comunicarme con alguien, cruzo información, apoyo psicológicamente a quien se siente mal y tensos. Trabajo de contención a quien lo solicita vía whats, inbox, llamadas a casa. Mamá enciende la tele y la obligo a apagarla, la insto a que llore, pero no puede, el shock sigue, dice que se marea, que siente que tiembla a cada rato, que cree escuchar la alerta sísmica... las imágenes amarillistas, cobertura especial para el angustioso rescate de una niña bajo su propia escuela... entonces recuerdo a mis primos: uno trabaja en la UNAM, otro en el periódico El Economista, ubicado en Coyoacán, otra estudia en la UAM Xochimilco, otro vive en Morelos...todos en zonas afectadas.

Trato de marcarles pero nadie contesta, hablo al periódico y me informan que "Gracias a Dios todo bien en este edificio". Al fin logro comunicarme con el primo del periódico, que me informa que todos los demás están bien y ya en casa. Una peocupación menos.

Al llegar mi hija apenas si nos abrazamos y agradecemos que estamos salvas. Ella está en las mismas: pegada a sus redes, pendiente de lo requerido. Cae la noche, termina la transmisión especial de la radio, hay que dormir y no hay sueño. Toda la gente lanzándose a ayudar y yo no puedo: siempre he vivido lejos de todo y ya es noche. Llevo dos quincenas sin cobrar por atraso de pago y no tengo apenas recursos para moverme, no tengo carro, no sé andar en bici ni tengo una, me siento una inútil. Me obligo a ponerme la pijama y dejar a mano lo indispensable para una réplica. Instruyo a mi mamá sobre qué hacer en caso de volver a quedarse sola en casa. Es como niña chiquita, hay que explicarle mil veces...

A punto de pegar los ojos cuando se desata la tormenta. No puedo evitar pensar "Se van a reblandecer los escombros... lodo... caos... dificultad... pobre gente, ¿qué hago?... nada... no puedo hacer nada... más que intentar dormir"

Día siguiente, desde temprano busco a mi primo para organizarnos. Él ya se ha ido con su moto de voluntario a repartir ayuda. Nos monitoreamos vía telefónica para saber qué se necesita, nos aconseja no salir hacia donde él está, las vías son un caos, la Magdalena Contreras igual necesita ayuda y está de este lado, más cerca. Hay un centro de acopio en cada esquina. Juntamos donativo de quien sea de la familia que guste cooperar y reunimos una cantidad. Mi hija, su amiga y yo recorremos las farmacias de la colonia en busca de material de curación, que es lo que más falta. El sol está insoportable y mi hija se siente muy mal. Apuramos la compra, la llevamos a un centro y regresamos a casa a seguir pendientes de las redes. Siento que no ayudo pero no puedo hacer nada más. Empiezan a comunicarse de mi trabajo para saber si iremos al día siguiente a reanudar labores, nadie sabe todavía nada, por la noche me entero de que las mamás de mis niños se organizaron y no me incluyeron, tampoco los de mi otro trabajo me requirieron, tampoco ningún amigo, todos tuvieron sus iniciativas individuales, la mía fue ayudar desde casa.

Sigo sintiendo que no ayudo en nada, quisiera clonarme, desdoblarme, teletransportarme, tener mucho dinero, no tener descompuesto mi refrigerador, que se madreó con las descargas y apagones, no tener escasez de comida en mi casa, tener mil brazos, ser del tamaño de Godzila, tener la capacidad de volar...

Un maestro reporta vía whats que está ayudando en Xochimilco y que hay muchos muertos, que casi hay que caminar entre ellos. No me veo a mí misma soportando eso en vivo... pero, ¿querías tragedia? me pregunto internamente. ¿Qué tal tus distopías favoritas? Y me culpo, y lloro, aunque todavía muy poco. Sólo quiero descansar, me duele la cabeza, me duele el estómago, me siento impotente, insuficiente ante tanta necesidad. Trato de crear una iniciativa artística y me dicen que "hay que esperar porque eso no urge". Yo sólo quisiera cantar, abrazar gente, dar consuelo y alegría... estaba planeada una función el día 24 en la UNAM, mi regreso al cabaret... ¡ja! Me río de mí misma. Ya no será posible.

Escribo esto como terapia en lo que decido para qué soy buena en realidad. Quiero ser fuerte y creo que puedo lograrlo. Se pusieron a prueba muchas cosas de mi persona en este par de días que han transcurrido, estoy asimilándolo y recogiendo cascajo de lo que aparentemente era una personalidad ya reconstruida y fuerte. Sin embargo me tambaleé, me salieron cuarteaduras y sigo evaluando mis daños. Pronto en pie de nuevo, igual que mi ciudad hermosa, querida y sacudida.

Creo que no me equivoqué: si algo así ocurría, la gente sacaría lo mejor de sí misma. Algo aprendimos del '85: lo chingona que es esta raza, ya no me cabe la  menor duda. Sobre políticos y ratas no vale la pena hablar, la ciudad la hemos tomado nosotros, las redes las hemos tomado nosotros, la solidaridad es toda nuestra, con, sin y a pesar de ellos.

CONTINUARÁ...
  





sábado, 12 de agosto de 2017

Hartazgo

"¡No soporto el humor barato!
No es corrección política, se llama hartazgo. No soporto ya el humor que agrede y que lastima. Personalmente he trabajado en ello en cada nuevo espectáculo que hago y lo obtenido como artista y ser humano me ha cambiado en muchos sentidos, se ha vuelto una forma de vida.

Pero me sigo preguntando: ¿Cuál es el poder que da insultar al otrx? ¿Qué sienten? Una superioridad inmediata imagino, una ventaja; pero que vacía es esa comedia.  Es común en el cabaret, en el bar gay y obvio la "comedia" televisiva de basura; (Guerra de chistes, Adal Ramones por decir algunos, donde  la misoginia es la mierda hecha "chiste") Lo mismo me sucede al escuchar humoristas que acostumbran denostar al de enfrente. Las que critican y se ríen de la audiencia diciéndoles feas, pobres, gordas, jotas, flacas, pendejas, etc. Eso del argot cabaretero les "permite" a muchxs esas licencias. Licencias arcaicas, licencias pobres...

El humor ya recurre a nuevas alternativas. Aún cuando el personaje te permita ser una clasista hija de la chingada, no puedes ofender a tu público y a tu compañero de escena. Es una labor ardua, pensante, inteligente. Recurrir al insulto, la misoginia, la homofobia, el machismo es ya ridiculo, es barato.

El humor es el arma más eficaz contra el poder decía el maestro Fo.
Si quieren hacer humor con contenido: Jode al poder, jode al que jode.
Lo contrario es ser canalla.
No es corrección política es hartazgo."

CÉSAR ENRÍQUEZ

martes, 8 de agosto de 2017

Paquita: las mentiras mal contadas

El pasado viernes 4 de agosto terminaron las transmisiones de la teleserie que intentó traer al público la biografía autorizada de Paquita la del Barrio: nuestra Paca, ese entrañable personaje de lo último que tuvimos de verdadero cabaret en esta Ciudad de México. Un cabaret que ya no existe y que se extraña, aunque muchos digan que qué bueno porque el ambiente nocturno ha evolucionado.

Debo confesar que desde el primer capítulo intentaba hacer de todo para no perdérmela. Entre tareas y quehaceres nocturnos, siempre estaba encendida la tele para echarle  aunque fuera un vistazo. La vida novelada de la cantante trajo el calor de hogar y unió a mi familia alrededor de la pantalla como hacía mucho tiempo no sucedía.

Mi abuela creció en Alto Lucero, Veracruz, ciudad de la que es oriunda Francisca Viveros, la protagonista de esta historia; así que, contrario a lo que algunas personas dijeron en su crítica, la forma de hablar de los personajes sí tenía que ver con el léxico jarocho, y la actriz que dio vida a Paquita de niña era un verdadero encanto. La dirección y la ambientación de los primeros capítulos, en un pueblito veracruzano, contaba con cierto aire de nostalgia por un México perdido, que todavía conservó hasta cierto punto en la capital, en los capítulos donde Paquita (en ese entonces llamada de cariño "Chica") se muda a probar suerte como cantante luego de su primer rompimiento amoroso.

Desde el primer momento se dio un duelo de actuaciones entre Paloma Woolrich como la insufrible abuela de Chica, y Andrés Pardavé, el dulce abuelo veterano de la Revolución Mexicana para quien su familia es un pelotón y la vida es eternamente una batalla.

Fue agradable ver en pantalla a Marissa Saavedra, a quien tuve oportunidad de entrevistar y de ver haciendo cabaret hace algunos años. Todo iba pintando bien: con su papel de la sumisa y abnegada madre de la cantante, podemos entender el contraste de experiencias que rodearon a nuestra Paca desde muy temprana edad. Marcia Coutiño encarnó a la aguerrida tía solterona, quien contrario al personaje de Marissa, lucha por lo que quiere y aconseja a su sobrina a que haga lo mismo. Estos cuatro personajes conservaron su esencia y su encanto de principio a fin, magníficas actuaciones.

Por otro lado los personajes de los niños compañeros de toda la vida de Francisca se definieron igual desde el principio: Clara y Camilo son la villana y el amor platónico de Paquita, personajes enteramente ficticios que sirvieron para proteger las verdaderas identidades de quienes tuvieran esos papeles en la vida real de la intérprete.

Él, Erick Chapa, aburrido, patético y acartonado, ella, Gloria Stalina, magnífica como la intrigosa enemiga disfrazada de amiga. Hermosa, sexy, todo lo que le ponían le lucía estupendo. Debo confesar que me di un enorme taco de ojo con sus vestuarios de pin up y de vedette. Los vestuaristas se dieron vuelo con ella, y viendo sus fotos de antes, nunca se vio tan guapa como con el look de femme fatale al que además hizo los honores con su apasionada entrega actoral.

Extrañaba amar a una villana, reírme con ella de sus maldades, pero es que nos lo pusieron muy fácil, de a peso: el zonzo de Camilo primero anduvo con otra mientras la Paca moría por él, y al final le dieron un giro queriéndonos hacer creer que siempre estuvo enamorado de la gordis, cuando ni química había con la estrella... ¡Ah! ¡La estrella! Entramos al tema escabroso: Andrea Ortega Lee..., sí la famosa "Manchita", con quien compartí escenario alguna vez allá en los años de gloria del Push up Comedy, pudiendo ser testigo de su época donde apenas se estaba lanzando al micrófono abierto de la escena estandopera.

No es mi comediante favorita pero tampoco es nada personal, de verdad ni la odio ni nada, pero Andrea Ortega NO ES actriz. Es una chica muy bella y tiene cierto carisma, pero seamos justos ¡NO ES ACTRIZ! Y ya la vimos protagonizando una película sólo por ser 'gordita', y ya la vimos en la serie no autorizada sobre la vida de Jenny Rivera, y ahora con un papel protagónico CARACTERIZADA como Paquita la del Barrio. Ni en broma me atrevería a decir que ACTUANDO.

Perdón, perdón... pero así hasta gusto daba que el personaje de Clara le diera donde más le duele.

La Paquita que nos retrataron dista mucho de ser la verdadera Francisca Viveros Barradas de la vida real. Nos dibujaron a una mujer resentida contra los hombres (quizá para que tuviera congruencia con lo que canta, pero no se vale), casi justificaron el proceder de su segundo esposo, un modelo muy guapo y simpaticón a quien poco a poco se le fue descarando el acento argentino.

Se diría que casi nos dijeron con una doble moral magistralmente armada, que la Paca tuvo la culpa de sus desgracias, pero que igual debemos quererla. Nos pusieron a una tipa envalentonada y berrinchuda, de difícil trato, una mujer que en lugar de madurar con los golpes de la vida, se hizo una niña malcriada y grosera... y es que no, no es así, ¡¡MANCHITA la actuó así!! (gracias a los libretos llenos de pataletas y peleas corrientes).

Y lo siento, pero aunque cualquier tonito ñero en la voz es fastidioso, si hay algo que me parece de plano insoportable es el tonito con 'papa en la boca' que no se quitan ni para dormir... ya saben, 'tonito fresa', 'de buena alcurnia' o como quieran llamarle. A mi Mancha le estorbaba la papa, ¡por amor de Dios!

Lo siento mucho, pero le quedó de plano grande el traje a la pequeña Andrea.

He tenido la fortuna de ver a la señora Paquita en vivo. Jamás se mete con el público de forma irrespetuosa, guarda su distancia y se concentra en SENTIR LO QUE CANTA, que es lo que al final de cuentas transmite y hasta le hace llorar constantemente en el escenario.

No es que esté amargada, no es que no quiera a los hombres, es que ha tomado la valentísima decisión de entregar sus sentimientos al público: recordar, volver a vivir, abrir la herida cada vez que interpreta, llorar, conectarse consigo misma y con lo más íntimo de su vida para regalárnoslo. ¿Y qué hace el público? Su público verdadero la aclama, lo recibe y agradece.

El público de los medios masivos se burla, no comprende "por qué no ha superado esos amores", le critica la imagen, la ve como objeto curioso o cuestiona sus letras tachándolas de "hembristas, feminazis y misándricas" cuando ella no es quien las escribe, lo hacen varios compositores, en especial uno que en la serie fue horrendamente representado por Chiquidrácula... que diga, Carlos Espejel (insuperable de horrible).

Desde hace muchos años estas letras le crearon ese personaje que ahora trae puesto y que es quien verdaderamente la hace sufrir. Paquita vive atada a la farándula morbosa que como carroñeros le pide que declare sobre temas polémicos. Recordemos su desafortunado comentario por el que la comunidad gay se divorció de ella: "prefiero que se mueran y no esa vida para las criaturas". Seguro estaba pensando en violadores, señores, no en una pareja gay de hábitos honorables.

¿Dónde está la comprensión, el amor y la tolerancia que tanto exige la comunidad? ¿Dónde está la inteligencia de la que se jactan? Porque Paquita es una señora de edad avanzada, sin estudios, ignorante de muchos temas de actualidad. Ella está metida sin querer en un mundo que la absorbió, ella no debe contestar lo que todo el mundo quiere oír porque simplemente no se le da la gana, porque está hasta el copete de preguntas banales y de que sus interlocutores reporteros siempre vayan hacia los mismos asuntos. Ya pidió disculpas, ya entendió el error, ya su serie incluyó a un personaje trans que es de-li-cio-so, encarnado por Alejandro de Marino. ¿Qué más quieren? Total, si se les hace muy naca o de plano nunca les ha gustado, que no les guste.

Paquita es y sigue siendo en el fondo una mujer pueblerina que concierto tras concierto revive la miseria de ser oprimida, y con dolor más que con odio, les canta a los machos y a veces las letras que le componen, van más allá del sarcasmo o del humor negro, pero escucharla y verla en vivo sigue siendo una delicia. Paquita es un pilar viviente del cabaret en México, por eso me da cierta rabia que Manchita no haya sido la mejor opción para encarnarla.

Al final, y después de muchas vueltas de tuerca, Paquita: las verdades bien cantadas, terminó convirtiendo la mitad de sus capítulos en una novela barata y complaciente, donde la villana recibe su castigo y los dos palomitos se quedan juntos.

Así no sucede la vida, y esa no es mi Paca, nuestra Paca la del Barrio. Tampoco esa de ahí es su hermana Viola, bien actuada y bien cantada por Sofía Garza (ella sí, no como Andreita, que ni sabía hacer play back de una imitadora barata). La señora Viola se caracteriza en la vida real por ser oportunista, rencorosa y envidiosa de su hermana 'la gorda', pues en más de una ocasión hizo declaraciones muy ardidas hacia quien sí hizo una carrera fructífera en esto. En la serie, pintan una Viola Viveros Barradas muy bella, entregada, solidaria y absolutamente leal a su hermana. Sí, la amamos, el personaje es querido, pero nada que ver con la verdadera relación de las hermanas que en su momento cantaron juntas como Las Golondrinas.

En fin, que para describir a Paca, nadie mejor que Don Monsi, quien fue representado en la serie por un actor que desconozco, pero que es igualito al difunto (por cierto, ese fue un momentazo, tienen que verlo).

"Indiferente a la moda, Paquita deposita en el barrio (la vida popular) su identidad y del barrio extrae su primera clientela, que capta al instante el mensaje de la cantante, en caso de que lo haya: polvo de discos viejos somos, recordar es vivir por primera vez, no hay amor sin desengaño, y, comadre, hágame caso, mejor hallarle chiste a la pobreza porque de allí ya no salimos. 

Y el nombre artístico, Paquita, la del barrio, es afortunadísimo, genera confianza y predispone el relajamiento del ánimo. Esta señora que canta pa- drísimo a lo mejor es nuestra vecina, es —o podría ser sin problemas— de nuestra familia y si la quieres oír vete en la noche al restorán aquí cerquita. Una cantante popular (como antes) en un sitio popular (como antes) en un barrio popular (como antes) es llamado inevitable de atención para cazadores de originalidad en la ciudad que se americaniza. 

Los intelectuales oyen a Paquita y la recomiendan a los de la televisión; los de la televisión popularizan a la señora francamente inmóvil y de pañuelo en mano, cuyo chiste es la singularidad; la actriz Silvia Pinal contrata a Paquita para el film Modelo antiguo; Televisa la utiliza en la telenovela María Mercedes; la revista Cambio 16 la invita a cantar en uno de sus aniversarios madrileños. Y Paquita, inmodificable, noche tras noche sigue en su lugar”.

Carlos Monsiváis
Ver capítulos de la serie

martes, 20 de junio de 2017

Alerta por ancestral forma de robo

La envidia es el peor tipo de energía que puede generar un ser humano. Daña en demasía porque ensucia lo limpio y se roba todo lo que puede llevarse. Es el recurso que tienen las almas inexpertas para hacerse de 'algo' que les haga sentir medianamente satisfechos.

 Hay que extremar precauciones para detectar a estos ladrones, ya que para operar se vuelven muy cercanos a su víctima. Pueden llamarse amigos o incluso parejas (ahí el despojo duele muchísimo más). Se van robando tus metas, ideas, sueños, ilusiones y autoestima sin que apenas te des cuenta.

 Sucede como robo 'hormiga', silencioso y a veces, dependiendo del nivel de cercanía, funciona como una hipnosis en donde tú les otorgas gratis todo eso que te hace falta para ser feliz TÚ. A cambio te van dejando residuos de su veneno y su recelo viviendo por todo tu cuerpo y obstaculizando tu crecimiento en todos los sentidos.

 Cuando has sido el blanco de esto, es difícil curar el alma resultante, pues termina amoratada a causa de tantas mordidas y chupetones de energía vital; debilitada y confundida. No olvides tomarlo en cuenta. Tu vida está primero.  La voz de la experiencia te sugiere lo siguiente:

 1. Jamás digas que a ti no tienen nada que envidiarte. A la gente vacía siempre le va a hacer falta algo que tú ya tienes.

 2. Valora y agradece hasta la más mínima cosa: tu familia, tu trabajo, tu libertad, tus talentos, tus amigos, tu cuerpo y tu forma de ser. Así los consideres insignificantes, estos bienes son los más buscados por las almas envidiosas.

 3. Puedes sentir ciertos apegos hacia las personas, pero nunca sacrifiques nada tuyo por el otro. Esa es una mentira religiosa "dar hasta que duela" ¿en qué momento? Entrega porque te place, no porque es un deber o una responsabilidad moral. La lástima y la caridad son ofensivas, siente compasión en términos de la empatía, y si puedes ayudar, ayuda, pero no abras puertas en tu corazón que después no sepas cerrar.

 4. Observa más de cerca y descubre potenciales huecos en los otros. Justamente la práctica de la empatía te dará la maestría para detectar a tiempo y neutralizar esas malas energías.

 5. Una vez detectadas, marca distancias pacíficas y respetuosas, aunque si debes ser tajante, hazlo y no tengas miedo del qué dirán. Supéralo. Si no lo haces, tu suplicio apenas comienza.

 6. No vivas con desconfianza, confía en el ser humano. Apuesta positivamente asumiendo los riesgos y afrontando dignamente las consecuencias. (Cuidado, eso sí, con quien piensa que le envidian cosas superficiales -apariencia, estatus social, bienes materiales, etc.- Por lo regular esas personas envidian secretamente todo lo que no tienen en abundancia.)

 7. Fortalécete en amor propio y autocuidado. Estudia tus emociones y aprende a controlarlas. El proceso puede ser largo, pero no descanses hasta erradicar de tu vida a las personas que en lugar de apoyo, representan una carga energética más, por mucho cariño que sientas por ellas. No descanses hasta no necesitarles, no descanses hasta que te sientas bien estando en soledad. Hasta ese momento entenderás que la soledad no existe, eres parte de todo y todos.

 Se ha puesto de moda llamarles 'personas tóxicas'o 'vampiros energéticos o emocionales', lo cual genera confusión, división y se vuelve una etiqueta que produce más negatividad en la persona.

Es mejor pensar a nivel de energía. A veces la gente carga consigo estas ondas inconscientes y ni sabe el nivel de daño que hace. No son personas felices por dentro aunque la mayoría pueda aparentar muy eficazmente lo contrario.

 A veces su momento pasa y su energía proveniente de algún dolor o suceso en su vida se renueva y ya no envidia nada. Otras veces esa energía ya es un cúmulo de cosas fuertes de esta u otras vidas, esto se siente, se percibe cuando uno está alerta, por lo que es mejor alejarse definitivamente. Haz caso a la intuición, ésta nunca falla.

 Decirles que sienten una envidia inconsciente puede ser muy ofensivo y agravar la relación. Lo mejor es protegerse mental y espiritualmente para no tener que echar mano del recurso de defenderse, pues puede caerse en un círculo de violencia que no tenga final.

 Atrae a tu vida gente empática, serena y madura. Cuando empiecen a abundar a tu alrededor, sabrás que lo mismo has alcanzado tú también.

sábado, 4 de febrero de 2017

Ser o no ser cabaretera

Todo lo que se pone de moda pronto cae de mi gracia. Y hoy por hoy, tengo que decir algo que me hiere profundamente el pundonor: el cabaret... está de moda.

Después de mi post último ("Me cansé de definir el cabaret") sobre este tema, han pasado varias lunas. Doce, para ser exacta. Por eso este año inicio partiendo de la pregunta shakespereana existencial por excelencia, escribiendo un breve:

MANIFIESTO CABARETERO
Hortensia Martínez/Ondina Cabaret

1.- Me resisto a ser entretenimiento barato. Entiéndase por barato, algo inmediato, hecho para gustar, para hablar del tema y los personajes de moda. No me importa si gano tres pesos o actúo gratis, pero no quiero hacer nada para estar vigente, para estar de moda o en boca de todo el mundo. Hago cabaret por razones más profundas para mí, que la de entretener al respetable. Entretendré si lo logro, pero a mi modo. No seré más complaciente con nadie. El mundo, y especialmente el país, no necesitan una 'cabaretera' más. Ya hay demasiados y demasiadas.

2.- Me seguiré llamando 'cabaretera'. Después de casi 8 años de estar guerreando contra definiciones del término aquí y en otros mundos; después de retorcérseme las tripas por ver tanta gente que se autonombra así y que pretende decir que hace cabaret; después de no ser reconocida por casi nadie en el medio como cabaretera por muchas razones que van desde mi profesión de pedagoga hasta mis escasos trabajos escénicos comparados con los de muchos otros; y después de no recibir apoyo ninguno para mis producciones, salvo el cariño y la colaboración de contados colegas que han creído en mí y me siguen echando porras; me declaro una cabaretera con todas sus letras:

  • Porque soy parte de la gente del pueblo que se sube a un escenario a decir lo que le oprime.
  • Porque lo mismo me he presentado en foros hechos para teatro, que en universidades, bares y cualquier espacio que el cabaret pueda tomar por asalto para expresarse.
  • Porque hablo de lo que me duele y lo que me importa decir.
  • Porque la mayoría de mis trabajos los he producido y escrito yo.
  • Porque aún con mis limitados y poco entrenados talentos he hecho el cabaret en el que creo.
  • Porque siempre que me subo a un escenario soy honesta y congruente.
  • Porque siempre que me subo a un escenario trato de dar lo mejor de mí.
  • Porque trato de estar feliz en escena. El público no tiene la culpa de mis procesos emocionales o psicológicos. Aunque el teatro me ha ayudado mucho en mi construcción personal, no es mi terapia ni lo uso de escaparate para exhibir mis traumas. Amo y respeto el escenario, justo porque le agradezco hacerme feliz, sobre todo cuando me he sentido más desgraciada.
  • Porque para mí el público es un ser vivo, pensante y sintiente, juguetón y dolido. No son mis fans, no mis seguidores, no mis aprendices o mis súbditos. No vienen a admirarme ni puedo hacer con ellos lo que yo quiera, y soy yo quien está a su servicio, no ellos al mío.
  • Porque he aprendido a la mala lo que es abuso, manipulación, traición y falta de ética en el arte y en la vida. Nadie puede esperar eso de mí. Ser cabaretero/a no es lo mismo que ser un hijo o hija de la chingada, aunque muchos se siguen tragando ese cuento. Un cabaretero/a puede ser todo lo inmoral que quiera, pero ser antiético te quita todo lo poco o mucho que tengas de 'artista'.
  • Porque no soy mis maestros ni mis compañeros de carrera. He compartido espacios con gente grande y famosa, pero no soy ellos. Yo soy yo con mi formación y mi trayectoria, ellos sólo han sido parte de la construcción de mí misma. No olvido ni menosprecio a nadie, admiro a todos en uno o varios aspectos, y agradezco su tiempo en mi vida, pero yo tengo un nombre, aunque sólo yo lo conozca cuando me veo en el espejo. Para mí eso es suficiente y me ha costado mucho. 
  • Porque doy clases para ayudar a entender qué tipo de cabaret puede hacer cada quién, consciente de que el cabaret no se enseña ni es para todos, segura de que el cabaret se adquiere por contagio, y como si fuera un desahucio, se aprende a llevar con dignidad, o él mismo te mata. No se puede aprender el cabaret de nadie, porque uno termina haciendo teatro cabareteado al estilo de... el maestro o maestra que le enseñó a uno... y porque tampoco se puede fingir tener el virus del cabaret, eso se nota. Es fácil distinguir porque el entusiasmo del juguete recién descubierto no se compara con el compromiso y la pasión que genera el verdadero virus. Eso es otra cosa.
  • Porque no encajo en el estereotipo de cabaretera, ni lo necesito. No requiero ser fiestera, amiguera, promiscua, ni siquiera alegre o de risa fácil. No me interesa parecer cabaretera. Soy cordial, pero selectiva, sensual pero no una bomba sexy. Mis halagos son honestos, no cumplidos ni adulaciones. No sé coquetear, me parece ridículo. Puedo jugar y alburear pero tengo límites, lo hago sólo si me siento en confianza. Sí, por ser tan selectiva suelo parecerle aburrida a mucha gente, y hasta mamona.
3.- Nombrarme cabaretera no define todo lo que soy o puedo hacer. Ondina Cabaret es un laboratorio, un taller artístico personal donde puede entrar quien quiera jugar, compartir y aprender de buen modo conmigo. He hecho teatro, cine, stand up comedy, burlesque, poesía, música, performance, foto, pintura y cualquier cosa que se me pegue la gana experimentar. Me dedico a la educación porque igual me apasiona y soy profesional en ello, pero tampoco me define el término 'maestra', porque soy una eterna aprendiz del mundo.

Finalmente no sé con cuánta frecuencia haré cabaret puesto que no vivo de esto. Para mí el cabaret es un placer, un lujo que puedo darme de vez en cuando, y sobre el que me encanta disertar cada vez que puedo.

¿Ser o no ser cabaretera? No lo sé. Definirte no te hace ser propiamente, para lograrlo, se tiene que estar,  y sobre todo, hacer, dicen. 

Bien... intentaré seguir estando y haciendo. Por lo pronto definirme es un buen paso. Ya el tiempo decidirá si logré serlo.

sábado, 14 de enero de 2017

Ser o no ser buena persona

De pequeña me enseñaron a ser buena y obediente. Se me quitó por completo lo obediente pero se me quedó la idea de pretender ser buena.

Y lo peor de todo esto ha sido la búsqueda de una convicción sobre la bondad humana. 

No me interesa ser mala: planear venganzas, revanchas y escarmientos me parece inteligencia desperdiciada, además lastimar a otros siempre me ha hecho mucho más daño a mí, me produce un dolor intenso, insoportable. Un dolor al que le huyo porque ver sufrir a otros no me causa placer, por eso no lastimo intencionadamente, sería muy tonta si me procurara a cada rato un dolor de esa magnitud. Se podría decir, pues, que intento ser 'buena'.

¿Qué pasa cuando uno pretende ser buena persona y al final de cuentas termina siendo la peor de todas? ¿Qué sucedió aquí? ¿En qué me equivoqué? Si todo se sentía tan bien, y era tan congruente con lo que pienso y siento, ¿por qué no lo puedo decir? ¿por qué hay que endulzarlo todo con miel cuando la miseria humana es exactamente así, como es?

Vivir en un país como México me ha puesto mordazas por todos lados, no me ha permitido la honestidad como se debe. He tenido que hacer grandes esfuerzos por decir lo que pienso y siento usando pincitas para no herir susceptibilidades... pero a decir verdad casi nunca lo logro.

Manejo la diplomacia, pero nunca apruebo algo que me incomoda sólo 'para no pelear'. Cuando lo he hecho, me aprisiona la frustración y ya nada funciona. Termino peleando igual de todos modos. Por eso conozco muy bien los límites entre el respeto a lo que el otro siente, y el respeto a lo que siento yo: si aquí pareciera ser más importante un criterio que otro, siempre manifiesto mi inconformidad, por eso llego a ser incómoda en todos lados.

Pocas son las personas que se permiten y te permiten "hablarles al chile", como decimos aquí cuando queremos advertir que no usaremos adornos, tapujos o misericordias a la hora de hablar de forma directa. Aquí la gente es hipócrita y manipuladora por cultura.

Los mexicanos somos una raza herida, nos tomamos las cosas de modo personal muy fácilmente, no nos atrevemos a romper las reglas y cuando lo hacemos, sentimos culpa de inmediato, nos juzgamos muy severamente, o peor aún, nos protegemos echando la culpa a otros.

Sé que generalizar en este asunto no sólo es peligroso sino anticuado. El mexicano actual, sobre todo en esta ciudad cosmopolita en la que vivo, donde convergen muchas culturas, y donde cada zona es un mundo aparte, no puedo decir que 'el mexicano' (cualquier cosa que eso signifique) es sólo aquéllo que dije.

Hay mexicanos muy inteligentes, mordaces, firmes y buenos.

Buenos. Otra vez se atraviesa el término, y lo incluyo muy a propósito, porque quienes hablamos 'al chile' no tenemos que ser lo contrario. Si bien yo no he encontrado aún la fórmula para equilibrar en mí misma cinismo y bondad, he comprobado que existe y distingo muy bien a quien lo practica y a quienes no.

Cuando crezca quiero ser buena. Todavía quiero serlo porque hacia allá me llama mi propia naturaleza humana encarnada en este planeta. Me llama buscar todo lo que está en mis manos para nadar contra corriente y amar, entregar, fluir, armonizar. No es nada fácil. Muchas veces termina uno pasando por el pleito, inevitablemente, para alcanzar la comprensión. Y si buscar la bondad no resulta una tarea fácil, debo decir que conozco muy bien la maldad en mí misma, y ésta ha resultado indeseable. 

La bondad es algo chido de vivir, pero creo que aún me falta explorar mi lado cínico que debiera decir como estigma en mi frente: "Sí, soy buena, y qué?" Buena sí, pero ya no más: ilusa, idiota, pendeja.